Utilizar la herramienta de “bloquear” o “silenciar” a tal o cual perfil anónimo, bot o parodia debería ser la única respuesta por parte de los gobernadores. Me refiero exclusivamente a las personas que caminan a la sombra del anonimato. La libre expresión está intacta en la Ley de Ciberseguridad siempre y cuando haya una persona con rostro, nombre y apellido
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Cualquier ley es perfectible.
Para eso existe el Poder Legislativo.
(Aunque sus actuales integrantes sean de los más flojo e incapaz que hemos visto en los últimos años).
Y no solo me refiero a la controversial Ley de Seguridad Cibernética impulsada por José Luis García Parra, exdiputado local y hoy coordinador del gabinete del gobierno del estado, que la semana pasada se convirtió en tema nacional y tendencias en las redes sociales, por –en mi opinión– la falta de concientización entre la sociedad y una correcta campaña de comunicación para informar los beneficios de esta nueva legislación cuyo contenido está muy lejos de ser una “mordaza” o un “atentado contra la libre expresión”.
Insisto, si la nueva ley contra los ciberdelitos y el ciberasedio necesita reformarse, se debe hacer a pesar de que ya está publicada en el Periódico Oficial del Estado.
No se equivoca el gobernador Alejandro Armenta en convocar a todos los órdenes de gobierno, en especial al Congreso local, a realizar una serie de foros que involucren a los sectores de la sociedad civil, periodistas, activistas, la Comisión Estatal de Derechos Humanos y expertos en la materia, para realizar foros en toda la entidad para analizar la Ley de Ciberseguridad en lo correspondiente al ciberacoso.
Si bien es cierto que estos foros pudieron organizarse antes de su aprobación en fast track y sin respetar el debido proceso legislativo (primero error del Congreso del estado), la iniciativa del mandatario poblano debe verse con buenos ojos y como un intento de socializar esta ley, que era necesaria en Puebla, y si de estos encuentros públicos sale alguna reforma, que sea generalizada y no a capricho de unos cuantos, pueda ser presentada ante el pleno del Legislativo.
Tampoco es que la ley tenga una dedicatoria y sea un ‘chaleco a la medida’ para alguien.
La Ley de Seguridad Cibernética va más allá de un simple bot.
Cierto como lo es, los bots, perfiles parodias y cuentas anónimas son una plaga en las redes sociales, en específico en X, que no merecen ningún tipo de atención más allá que un simple “block”.
Ya lo dijo el genial Umberto Eco: “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.
Ver: Mejores tiempos para el Club Puebla
¿Y cómo se silencia a un idiota?
Justo así: dejarlo en el silencio.
Ignorándolo.
No darle ningún tipo de atención.
Utilizar la herramienta de “bloquear” o “silenciar” a tal o cual perfil anónimo, bot o parodia debería ser la única respuesta por parte de los gobernadores.
Me refiero exclusivamente a las personas que caminan a la sombra del anonimato.
La libre expresión está intacta en la Ley de Ciberseguridad siempre y cuando haya una persona con rostro, nombre y apellido.
En el boom de las redes sociales, Rafael Moreno Valle fue víctima de su propia intolerancia y tiranía, pues muy al inicio de su sexenio, por la estupidez del infame Marcelo García Almaguer, se crearon decenas de granjas de bots para alabar al expriista y acosar a los opositores, tanto políticos, como empresarios o periodistas, pero con el pasar de los años esta misma estrategia le explotó en la cara como aquel que escupe al cielo, pues perfiles como “Rafiruchis” o “La Pantera Rosa” se convirtieron en una piedra en el zapato para el fallecido mandatario.
Desde entonces, cada gobernador ha tenido que gobernar con su bot más odiado.
Tony Gali lo hizo con los famosos @bomberitojuarez o @eltiotony. Con el tiempo, estos bots desaparecieron y no quedó ni el recuerdo de ellos.
Miguel Barbosa tuvo a su Desgobierno Puebla (@DesgobiernoP), cuenta que fue asociada a otro impresentable, José Juan Espinosa, y que también desapareció misteriosamente cuando el exalcalde de San Pedro Cholula se fugó del estado para evitar ser aprehendido por el finado exgobernador.
Hoy, el bot nuestro de cada sexenio se hace llamar La Aldea Poblana y ha cobrado mayor relevancia y fama gracias a la innecesaria atención que le ha dado el propio gobernador Armenta, su equipo de trabajo, periodistas y otros miembros de la 4T.
Cada gobernador ha tenido que lidiar con esta legión de idiotas.
Y así será mientras las redes sociales sigan teniendo el peso específico que hoy tienen.
En ello está si les afecta o no.
Un simple “block” puede evitar muchos dolores de cabeza.
Off the record
El brillante periodista Osvaldo Macuil, director de Revista Almanaque y del Periódico Acento 21, le dio en el clavo a la Ley de Seguridad Cibernética.
En su entrega de este lunes de su columna Cuarto Oscuro, el autor mencionó lo siguiente.
“Mientras el debate de la Ley de Ciberseguridad de Puebla se centra en los señalamientos por censura, se han pasado por alto dos temas importantes: el castigo por robo de identidad en redes y la protección a las infancias.
Los menores de edad están expuestos en redes sociales. Hay cientos de casos en los que son contactados desde cuentas falsas y terminan siendo víctimas de algún delito.
También se crean perfiles desde los que se acosa a niños, niñas y adolescentes. Se tiene un problema de salud mental en menores de edad que es provocado por el acoso que sufren en redes sociales desde el anonimato”.
En cuanto al robo de identidad, este reportero pronto dará noticias al respecto.
En esto es en lo que nos debemos enfocar en la ley que propuso García Parra.
Lo demás es demagogia.