Avivar la llama de la barbarie contra la gentrificación con expresiones xenófobas y racistas, como busca Alejandro Carvajal, solo provocará la pérdida de inversión extranjera y que México, incluido Puebla, sea visto como poco confiable para asentar negocios de otros países
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Con muy poco conocimiento de causa y con análisis bastante simplistas, algunos representantes de Morena están envolviéndose en la bandera de México para apoyar las violentas manifestaciones contra la gentrificación en la Ciudad de México, en específico en colonias como La Roma o la Condesa, como la que se vivió el fin de semana en la que decenas de negocios –locales y extranjeros con capital mexicano– fueron vandalizados bajo la consigna “gringo go home”.
Están quitándole el seguro a una granada que podría explotarle en las manos con el único “argumento” de proteger a los pobres y garantizar el derecho a la vivienda.
Y es que la gentrificación, como lo buscan mostrar ahora los morenistas, no es una lucha xenóba o de clases sociales ni la venganza perfecta en contra de Donald Trump y su dura política antimigrantes.
De acuerdo con la definición de la Real Academia Española la gentrificación es: “proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo”.
En su último artículo de opinión publicado en el portal de noticias e-consulta, el diputado federal de Morena Alejandro Carvajal, quien sí tiene una añeja historia en la izquierda poblana, congenia con el socialismo y aborrece al capitalismo salvaje, hace un análisis bastante desafortunado y simplista sobre el fenómeno de la gentrificación y sus posibles alcances y repercusiones en Puebla.
Sin decirlo de manera clara y con bastantes ambigüedades para no mencionar a su compañero de partido, el alcalde Pepe Chedraui, Carvajal Hidalgo hace una crítica bastante fuerte al programa que el edil capitalino anunció hace unas semanas para repoblar el Centro Histórico con la inversión principal del empresario multimillonario Carlos Slim, quien pretende intervenir las casonas del primer cuadro de la Angelópolis y su periferia para convertirlas en complejos residenciales verticales para la clase alta y extranjeros que quieran vivir o rentar departamentos en la ciudad.
“En los últimos años, quienes caminamos las calles de Puebla hemos sido testigos de un fenómeno que avanza silencioso pero implacable: la gentrificación. Se trata de un proceso urbano que, aunque disfrazado de «renovación», «rescate patrimonial» o “repoblamiento”, en realidad esconde una lógica perversa: expulsar a las y los habitantes originales de nuestros barrios para dar paso a intereses económicos ajenos, en su mayoría vinculados al turismo, la especulación inmobiliaria y el consumo elitista”, precisa el tres veces legislador por el Distrito 6, de la capital.
Las líneas de Alejandro Carvajal son un mensaje con un solo destinatario: el presidente municipal de Puebla.
El diputado federal no solo se equivoca al cuestionar y criticar el programa de intervención del Centro Histórico, que busca repoblarlo tras décadas en la que este ha sido abandonado y cuyas casonas se caen a pedazos, sino que, también no reconoce que la inversión que se haga en el primer cuadro de la ciudad generará mayor derrama económica para los capitalinos, mayores inversiones extranjeras y locales, además de la creación de más y mejores empleos.
¿Acaso Carvajal quiere seguir viendo al Centro de la Angelópolis hecho ruinas, secuestrado por los ambulantes y como un pueblo fantasma cuyas vecindades sirven para la venta de drogas y la prostitución?
Ver: Pegasus, Moreno Valle y Enrique Peña Nieto
Oponerse a la gentrificación bajo los huecos argumento de “intereses económicos ajenos” o “las elites” no es más que la misma dinámica que ha polarizado al país en los últimos siete años.
El problema de la pérdida de población y la falta de inversión ya no solo es exclusivo del Centro Histórico, pues este fenómeno ahora se extiende a otros corredores residenciales y comerciales, que hasta hace 20 años gozaban de una vida plena, como La Juárez, Huexotitla, La Paz o Camino Real a Cholula.
O se hace algo ya o la única zona atractiva de Puebla será Angelópolis y el resto permanecerá “muerta”.
No solo eso, Alejandro Carvajal sin darse cuenta –o tal vez sí– también hace una crítica en contra de las políticas en materia de economía, competitividad y laborales de los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum, que no han podido generar “una moneda fuerte frente al dólar” y con ello frenar la especulación inmobiliaria, los precios elevados de la renta y los costos altísimos para los mexicanos que viven en La Roma, Condesa o Polanco.
“El caso mexicano es muy interesante. La Zona Rosa de la Ciudad de México siempre fue de alto valor simbólico y residencia de la clase económica mexicana, misma que ha sido desplazada por extranjeros con una moneda más fortalecida frente al peso mexicano; esto lo explica perfectamente el nómada digital “gana en dólares, pero gasta en pesos”.
El diputado federal de Morena remata su artículo con una amenaza velada sin dar ninguna solución: “Puebla no puede seguir el camino de otras ciudades que ante la falta de visión condenaron a su población a ser desplazadas. La defensa del espacio público y del derecho a la vivienda es el tema por excelencia del siglo XXI, pues implica el derecho a la ciudad, la vivienda, la movilidad, el trabajo e incluso es una resistencia contra la globalización”.
¿¿¿¡¡¡“Una resistencia contra la globalización”¡¡¡???
¿De qué es de lo que estamos hablando, diputado?
Tal vez, Carvajal lo olvidé, pero López Obrador, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, fue quien inició con el problema de la gentrificación con su programa de ordenamiento territorial y urbano llamado Bando 2, que prohibía la construcción de conjuntos habitacionales y desarrollos comerciales en nueve de las entonces delegaciones (Álvaro Obregón, Coyoacán, Cuajimalpa, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tláhuac, Xochimilco e Iztacalco), con el fin de preservar zonas de conservación y acuíferos, y autorizaba y promovía el desarrollo urbano en otras cuatro (Cuauhtémoc, Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza), con la intención de repoblar el gran centro de la capital, que había perdido 1.2 millones de habitantes en 30 años.
¿Entonces?
Avivar la llama de la barbarie contra la gentrificación con expresiones xenófobas y racistas, como busca Alejandro Carvajal, solo provocará la pérdida de inversión extranjera y que México, incluido Puebla, sea visto como poco confiable para asentar negocios de otros países.
Cierro esta entrega con una cita más del brillante escritor Homero Bazán en su articulo publicado en El Universal, que el legislador haría a bien leer y proponer algo similar desde la tribuna de San Lázaro:
“La gentrificación es, en gran medida, un síntoma de un modelo económico que prioriza la inversión inmobiliaria y el capital sobre las necesidades habitacionales de la población, junto con una precarización laboral sistémica. En lugar de atacar a los extranjeros, las protestas deberían encaminarse con mayor fuerza a exigir mejores condiciones laborales para los mexicanos, un sistema con acceso universal a servicios de salud, pensiones justas y seguros de desempleo”.
No, diputado Carvajal, la gentrificación no merece un debate tan simplista.