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El Semillero
Por: Vianey García / @vianegarrome
Durante muchísimos años, quienes gobernaban y dirigían los destinos sociales, políticos, económicos y casi todas las cosas en el país, nos repitieron una y otra vez que “las mujeres no podíamos participar en puestos de decisión, ni en política, ni en la iniciativa privada”, porque “no estábamos preparadas para hacerlo” o porque, simplemente, “no era nuestro lugar”.
Nos quisieron hacer creer, como parte de la agenda machista tan arraigada en México y en todo el mundo, que no sabíamos hacer las cosas que “eran exclusivas para los hombres” y que nuestro lugar estaba en el hogar, restringido a ser “buenas madres” y “amas de casa”.
Todas tuvimos alguna mujer que nos impulsó, acompañó y creyó en nosotras. A mi lado, por ejemplo, estuvieron en cada momento mi mamá y mi abuela. Ellas me prepararon e impulsaron siempre, sin imaginar que esa motivación me serviría para empujar cambios importantes en materia de equidad y respeto. Quizá sin quererlo o sin haberlo planeado, me enseñaron que la mujer que está al lado mío, es una compañera, una aliada y no competencia.
Ellas, además, me enseñaron que las mujeres podemos hacer lo que queramos para alcanzar todas nuestras metas. Podemos estudiar y trabajar en lo que nos dé la gana, porque no sólo tenemos la capacidad, también tenemos la fuerza, la inteligencia y todo lo que necesitamos para ocupar cualquier espacio y, una vez ahí, hacerlo bien y seguir impulsando cambios en beneficio de otras mujeres.
Y, sin duda, esta forma de apoyarnos entre nosotras es una cadenita, que debe seguirse uniendo, eslabón por eslabón, para fortalecernos, para crear lazos que nos permita enfrentar mejor todos los retos que tenemos enfrente.
En México, desde la segunda década del siglo XX, las mujeres han tenido una significativa participación en la lucha por acceder a la vida pública y política; es decir, si bien las mexicanas lograron el derecho al sufragio en el ámbito local en 1947 y a nivel federal en 1953, transcurrieron muchos años de luchas del movimiento amplio de mujeres y feminista, así como de mujeres militantes de partidos políticos, para que su crítica, apoyada en la teoría feminista, sobre la desigualdad estructural entre mujeres y hombres y sus efectos en la escasa representación femenina tuviera incidencia real legislativa y se incorporara en el marco normativo el Principio de Paridad, acontecimiento que se logró a nivel federal hasta 2014.
Por eso, como en mi caso, las mujeres que legislamos en el Congreso de Puebla o en cualquier otro estado, impulsamos reformas reales, para lograr cambios de verdad y que no se queden en choros de campaña.
Por décadas habíamos visto reflejada la limitada participación femenina. México sin duda era uno antes de 1953; y fue otro, con la reforma Constitucional al artículo 34, cuando se reconoció oficialmente el derecho de las mujeres a elegir a sus gobernantes y a ser electas. Lo mismo sucedió en el año 2014, México fue otro después de que se eleva a rango Constitucional el Principio de Paridad, que dio esa garantía de participación entre mujeres y hombres en las candidaturas a la Cámara de Diputados, el Senado y los Congresos Estatales. Ambas, no son resultado de un obsequio o una concesión para las mujeres, son sí, resultado de movimientos universales y locales de muchas mujeres y de muchos hombres, que luchamos por este derecho de género que conceptualmente se inscribe en el derecho de igualdad política como principio elemental de toda sociedad democrática.
Estos avances en la Ley, han permitido que actualmente el Congreso Federal cuente con una representación casi paritaria. De la misma manera que al aplicarse por primera vez el Principio Constitucional de Paridad en el estado de Puebla; lo que sin duda habla del avance que vamos teniendo hacia una sociedad más justa, incluyente, igualitaria y democrática; aun cuando -debemos señalarlo-, sigue habiendo una enorme resistencia de muchos sectores de la sociedad, para que sea garantizada de una forma infalible.
Si bien, en diversos momentos se han realizado reformas que garantizan la participación y representación política de las mujeres, cabe mencionar que esta se ha acompañada por la inconformidad de quienes se resisten a la participación paritaria de los géneros, lo que ha representado el incremento de conductas violentas en contra de las mujeres.
Este 2021, vamos a seguir demostrándole a México y al mundo, que las mujeres de todos los rincones del país, somos capaces de superar cualquier reto, alcanzar cualquier meta y lograr cualquier objetivo. Vamos a demostrar que sí se puede hacer una política distinta, como lo hemos hecho todo este tiempo. Y lograr por fin vivir en una sociedad más igualitaria y más justa.
Es importante tener siempre presente que los espacios que hoy tenemos y el poder que hoy concentramos debe servir para que las que vienen atrás de nosotras, participen espacios que garanticen armonía, el ejercicio adecuado de sus derechos, la participación proporcional y libre de violencia.