Por Carlos Madrid
Puebla está dejando de ser solamente una locación para convertirse en un territorio donde las grandes plataformas encuentran historias que necesitan de sus calles, su arquitectura y sus paisajes. La cifra de 35 producciones contempladas para los últimos meses de 2026 da una idea del movimiento, pero son los proyectos que ya pasaron por el estado los que permiten dimensionarlo. Ahora la atención está en Huauchinango, donde Luis Estrada lleva su nueva película, El enemigo del pueblo, a una etapa avanzada de rodaje, ya cerca de la octava semana de trabajo. El director eligió distintos espacios del Centro Histórico para recrear el México de 1993, con calles intervenidas, vehículos militares, barricadas y una ambientación que transforma por completo el paisaje cotidiano.
La película, que llegará a Netflix en 2027, es protagonizada por Emiliano Lach, Alfonso Herrera y Cassandra Ciangherotti, entre otros. Su historia sigue a un joven que, en el México previo al levantamiento zapatista, comienza a cuestionar las ideas con las que fue formado y se acerca a los movimientos revolucionarios. El proyecto adquiere mayor dimensión porque llega después de Mal de amores, otra producción de Netflix que convirtió a Puebla en una pieza fundamental de su recreación del México de principios del siglo XX. Fueron 93 días de filmación en Puebla, Ciudad de México y San Luis Potosí, con más de 600 proveedores locales involucrados.
Y hay una coincidencia que vale la pena mirar: Cassandra Ciangherotti forma parte de ambas producciones. De los escenarios históricos de Mal de amores vuelve ahora a Puebla para trabajar con Luis Estrada.
A este recorrido se suma El Juicio, producción de Prime Video protagonizada por Eugenio Derbez y Pedro Alonso, que también utilizó distintos espacios de la capital poblana y que ya llegó a la plataforma. Con tres producciones de plataformas internacionales como referencia y una agenda que contempla 35 proyectos más, la discusión ya no debería centrarse únicamente en cuántos rodajes llegan a Puebla, sino en cuánto de ese movimiento permanece en el estado cuando las cámaras se apagan. Ahí estará la verdadera medida del momento que vive Puebla frente a la industria audiovisual.