En la ciudad de Puebla, el hambre y la buena voluntad se han convertido en la herramienta de trabajo para un hombre que, entre canastas imaginarias y promesas de combos completos, recorre las calles recolectando billetes que nunca vuelven. Lo que parece una oferta gastronómica irresistible en zonas como Plaza Dorada, termina siendo una lección de desconfianza pagada por adelantado.
La alerta nació de la voz —y la cartera— de una cosmetóloga local, quien decidió romper el silencio en redes sociales para exponer el modus operandi de este sujeto. No se trata de un asalto violento, sino de una seducción basada en la urgencia y el hambre: el hombre aborda a sus víctimas en puntos estratégicos de San Baltazar Campeche y El Carmen, ofreciendo órdenes de tacos dorados con una convicción que envidiaría cualquier publirrelacionista.
Radiografía del engaño en Puebla:
- Zonas de operación: Plaza Dorada, San Baltazar Campeche, El Carmen y áreas comerciales aledañas.
- El Gancho: Venta de tacos dorados con «promociones» de bebidas o combos.
- La Trampa: Solicita el pago por adelantado para supuestamente ir por el complemento del pedido.
- El Botín: Billetes de alta denominación y el cambio de las víctimas; el sujeto jamás regresa.
El truco es simple pero efectivo. Una vez que el cliente accede, el vendedor argumenta que debe «ir a la esquina» por los refrescos o que el puesto está a unos pasos. Al recibir el dinero, especialmente si son billetes grandes, el hombre se desvanece en la geografía urbana de Puebla. Para cuando el hambre cede ante la duda, el estafador ya se encuentra buscando una nueva mesa —o banqueta— que atender.
Esta modalidad de estafa refleja una astucia cínica que se aprovecha de la cultura del comercio informal, tan arraigada en nuestra ciudad. La autoridad aún no tiene un reporte oficial masivo, pero el testimonio de la afectada busca evitar que la generosidad de los poblanos siga financiando este «negocio» de lo invisible.
¿Qué hacer si lo ves? La recomendación ciudadana es clara: nunca pagar por un producto que no se tiene en las manos y desconfiar de quienes, con excesiva amabilidad, prometen banquetes a la vuelta de la esquina.
La confianza es el pegamento de nuestra sociedad, pero en una ciudad que crece entre contrastes, a veces el costo de la empatía resulta ser más caro que una simple orden de tacos. Cuidar el bolsillo es hoy, lamentablemente, un ejercicio de vigilancia constante ante el ingenio de quienes prefieren el engaño al esfuerzo.
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