Entre las incondicionales a la expresidenta del Instituto Electoral está la “poblana” Blanca Yassahara Cruz García, quien en realidad es originaria de Huajuapan de León, Oaxaca.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
La designación de un poblano o una poblana como consejera presidente del Instituto Nacional Electoral hubiese sido en otro momento y bajo otras circunstancia una gran noticia para el estado, este no es el caso.
La unción de Blanca Cruz, quien fuera también la cabeza del Instituto Electoral del Estado del 2022 al 2026, como presidenta del INE está viciada de origen y viene presedida de una inmesa estela de corrupción lo que ha provocado que nadie en Puebla se sienta orgulloso de este importante nombramiento.
Y es que el Instituto Nacional Electoral, que durante años fue un ejemplo a nivel munidal por su transparencia, en la organización, supervisión y en el desarrollo de las elecciones, hoy atraviesa su peor crisis de credibilidad desde su creación enoctubre de 1990 bajo el nombre de Instituto Federal Electoral, mismo quesustituyó a la Comisión Federal Electoral tras el escándalo de la “Caída del Sistema” en los comicios presidenciales de 1988.
El escándalo de corrupción, tráfico de influencias y desvío de recursos públicos en el que está envuelto Guadalupe Taddei, otrora presidenta del INE y una de las figuras más representantivas de Morena, han dejado una mácula enorme en el máximo organo electoral del país, el cual tendrá que sortear las elecciones intermedias del 2027 bajo una fuerte crisis de credibiliad.
Además, la renuncia de Taddei Zavala, quien llegó con la promesa de reivindicar al Instituto Nacional Electoral y terminó por desprestigiar a una de las pocas instituciones en México cien por ciento ciudadanas, no acaba con el problema de fondo, pues la red de funcionarios leales a ella, que colocó en cargos de primer nivel, se mantiene.
Diferentes medios de comunicación nacionales han documentado que la mayoría de los funcionarios en posiciones claves del INE no solo obedece a Taddei, sino que algunos de ellos también son recomendados del proveedor José Alfredo Hernández Casillas, hoy investigado por la UIF y la Auditoría Superior de la Federación por anomalías en contratos de materiales electorales.
En esta lista sobresale Mario Alfonso Burciaga Esparza, director de Recursos Materiales y Servicios en la Dirección de Administración, obedecen a los intereses del proveedor Hernández Casillas. Por sus manos pasan todos los contratos del organismo.
También está ubicado José Alberto Pérez de Acha, titular de la Unidad Técnica de Servicios de Informática, quien llegó en enero del 2025 al INE, como una recomendación del representante de Cajas Graf, Corporativo Zeg y TOL Producciones. Dicho funcionario se ha encargado de “recomendar” o asumir las compras de los OPLES en servicios de tecnología.
No solo eso, en la actualidad 11 de los 17 integrantes de la Junta General Ejecutiva –órgano que reúne a las direcciones de primer nivel en el INE– son incondicionales de Guadalupe Taddei, quien seguirá manteniendo el control del INE a menos que se haga una limpia profunda.
Entre las incondicionales a la expresidenta del Insituto Electoral está la “poblana” Blanca Yassahara Cruz García, quien en realidad es originaria de Huajuapan de León, Oaxaca.
Además, la hoy presidenta del INE a su paso por el Instituto Electoral de Puebla le entregó un contrato de 129.7 millones de pesos a la empresa Comercializadora JVLY S.A. de C.V., la cual está ligada a Taddei y a José Alfredo Hernández Casillas, por material que se usó en la elección de 2024.
Comercializadora JVLY fue señalada por la Auditoría Superior de la Federación por posibles delitos fiscales en contra del erario del INE por más de 63 millones de pesos por un contrato celebrado durante la gestión de Guadalupe Taddei.
De acuerdo con el dictamen de la ASF, el Instituto Nacional Electoral erogó millones de pesos sin justificación para la producción e impresión de papelería y materiales de logística electoral, además no se presentaron las pruebas idóneas ni la documentación fehaciente que acredite que los bienes y servicios fueron efectivamente entregados o prestados.
Sí, la renuncia de Taddei no sana –ni de cerca– la dañadísima imagen del INE.
La llegada de Blanca Cruz no es más que un vil gatopardismo para contener la crisis.
Insisto, en otras circunstancias la llegada de una poblana a la presidencia del Instituto Nacional Electoral hubiese sido una gran noticia.
Este no es el caso.
El INE, sobra decirlo, no tiene una presidenta “blanca”.