Hoy sabemos que detrás del intento de desestabilización en la Facultad de Medica BUAP, la más importante de la universidad y una de las mejores del país, están Alfonso Esparza y Zepeda Memije, quienes en el pasado fueron responsables de la violenta represión del 2015
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
El pasado 8 de febrero se cumplieron 10 años de una de las peores represiones en contra de alumnos de la BUAP en la historia reciente de la máxima casa de estudios de Puebla.
Eran los tiempos en el que el morenovallismo se encontraba en su cénit de poder. El fallecido Moreno Valle estaba en su quinto año como gobernador del estado, Tony Gali cumplía su segundo año como alcalde de Puebla y Alfonso Esparza también comenzaba con su segundo año de labores como rector de la BUAP.
El relato de la barbarie que sufrieron un grupo de 26 estudiantes que realizaban una huelga de hambre en el zócalo de la Angelópolis para solicitar el uso de aulas e impartir cursos gratuitos para el examen de admisión a la Universidad Autónoma de Puebla es desgarrador.
“A las 3:22 de la mañana, las luces del zócalo se apagaron y un convoy de camionetas irrumpió el sitio. Ocho jóvenes, de entre 15 y 23 años, fueron golpeados brutalmente, secuestrados y sometidos a torturas físicas y psicológicas. Entre las amenazas, los agresores advirtieron que correrían la misma suerte que los 43 normalistas de Ayotzinapa. Horas después, los estudiantes fueron abandonados desnudos y amarrados en un baldío”, precisa un reportaje publicado por el portal de noticias El Científico Político.
La noticia del violento desalojo orquestado por Esparza y solapado por Moreno Valle y Gali pronto se hizo nacional e importantes medios como Proceso, Reforma El Sol de México y Aristegui Noticias hicieron eco a las voces de los estudiantes.
“Llegaron con machetes, tubos, varillas, macanas. Al momento que llegaron lanzaron una bomba, la cual expidió un gas, la mayoría de las personas en el campamento estaban durmiendo”, narró uno de los agredidos que no fue torturado ni secuestrado.
De acuerdo con los propios estudiantes detrás de esta brutal agresión estuvo Rodolfo Zepeda Memije, quien fue director de Enlace y Gobernanza de la BUAP y mano derecha de la poderosa Isabel Hermoso en la oscura era de Alfonso Esparza en la BUAP.
También, el periodista Alejandro Mondragón en su entrega de Al Portador del 2 de septiembre del 2015 documentó que Zepeda Memije era parte de un grupo que tomaba las decisiones más importantes al interior de la BUAP junto con René Valdiviezo, Benjamín Dimas, Rufino Márquez, Alejandro Ibarra Pascualli y Julio Galindo Quiñones.
“Circula en la BUAP un perfil sobre quiénes realmente operan la guerra sucia universitaria bajo las órdenes de Alfonso Esparza Ortiz.
El dossier en poder de Al Portador es muy elocuente: ¿en manos de quién está nuestra universidad?”, inicia la columna del muy enterado periodista.
Hoy sabemos que detrás del intento de desestabilización en la Facultad de Medica BUAP, la más importante de la universidad y una de las mejores del país, están Alfonso Esparza y Rodolfo Zepeda Memije.
¿Con qué intención?
Ver: Afina Armenta su estructura en la capital
¿Qué oscuros intereses económicos tienen este par en la Facultad de Medicina?
Para ellos fue el mensaje contundente de la rectora Lilia Cedillo, quien además mostró carácter y que posee buenos reflejos y oficios para defender la autonomía de la BUAP y blindarla de intereses ajenos que buscan desestabilizarla.
“Atrás de este movimiento, hay también algunas manos. Y yo creo que debería darles vergüenza decir que son universitarios. Honestamente hay cosas que estamos haciendo como institución y que yo sé bien que tocan intereses económicos de otras personas”.
Por supuesto que los reclamos de los estudiantes de Medicina son legítimos al exigir mejores maestros y más plazas para realizar sus prácticas profesionales y sus servicios sociales, además de su intocable derecho a no tolerar ningún tipo de violencia y mucho menos si viene desde la dirección de la facultad.
Pero lo que también es cierto es que desde su llegada a la rectoría de la BUAP, Lilia Cedillo puso orden en una universidad que solo servía para ser saqueada, como escudo de mezquinos que mal pensaba que su persona estaba por encima de la institución y como trampolín político.
Esos tiempos oscuros en la BUAP quedaron atrás, pero hay algunos que aun buscan dañar a la máxima casa de estudios de Puebla, que hoy goza de una vida universitaria sana y alejada de los entes políticos.
Tampoco se equivoca la rectora Cedillo en presumir que en el último informe de la Auditoría Superior de la Federación la BUAP no tuvo una sola observación a la cuenta pública 2023.
Solo basta recordar que la misma ASF observó por 177 millones de pesos la última cuenta pública de Alfonso Esparza y hasta descubrió que el exrector les pagó a 48 personas fallecidas.
Sí, así como hay pasados que desafortunadamente no se puede borrar en la historia de la BUAP, como la era de Esparza Ortiz.
Hay huellas que también son indelebles.
Huellas vergonzantes, como las de Esparza y Memije.
Estrecha lazos Coparmex con universidades y tecnológicos de Puebla
Quien no quita el pie del acelerador desde su llegada a la presidencia de la Coparmex es Bety Camacho.
Este martes, el sindicato patronal en Puebla instaló una mesa de innovación y profesionalización con universidades y tecnológicos, públicos y privados, para acercar sus programas a micro y pequeñas empresas.
En la mesa interinstitucional participaron las principales universidades y tecnológicos de Puebla como la BUAP, Upaep, Conalep, Cecyte, Tecnológicos del Estado, el Tec de Monterrey.
Coparmex Puebla, de la mano de Bety Camacho, sigue recuperando su lugar como un referente social de la entidad.