Alfonso Esparza se robó tanto dinero de la BUAP que le alcanzó para comprar un piso entero en una de las zonas más exclusiva de Madrid, para exiliarse ahí después de que en el gobierno de Miguel Barbosa se le giró una orden de aprehensión por peculado, corrupción, lavado de dinero y malversación de recursos públicos
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Si algo ha quedado claro en los primeros cuatro años de la rectoría de Lilia Cedillo es que los tiempos en la BUAP son otros y mejores, pues muy lejos quedó atrás aquella oscura época en la que la máxima casa de estudios fue ocupada por sus antecesores como su caja chica y un escudo personal para cometer cualquier tipo de atrocidades y delitos.
Tras décadas en las que a la Universidad Autónoma de Puebla le borraron el título de Benemérita, que le fue otorgado en el 10 de abril de 1987 por la L Legislatura del Congreso del estado, por los pésimos manejos, saqueos y deteriores que los últimos rectores propiciaron al anteponer sus intereses personales, sed de poder y de dinero tuvo que llegar la primera mujer en la historia de la institución (Lilia Cedillo Ramírez) para regresarle la grandeza a la BUAP.
Ahora que los servidores públicos están bajo una auscultación extrema por parte de los ciudadanos, quienes exhiben en redes sociales sus inexplicables riquezas, su ostentación y sus cuantiosos patrimonios, como está sucediendo con los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador u otras ‘vacas sagradas’ de la 4T como Gerardo Fernández Noroña, Adán Augusto López o Sergio Gutiérrez Luna, vale la pena recordar a los impresentables rectores Enrique Doger, Enrique Agüera o Alfonso Esparza, quienes exprimieron cada centavo de la Benemérita poblana para saciar sus adicciones al dinero ajeno.
Para nadie es un secreto que estos tres rectores, quienes encarnan lo más corrupto y podrido del sistema de universidades públicas de Puebla y del país, pasaron de tener una vida modesta alejada de todo tipo de lujos a poseer casas en los residenciales más exclusivos de la Angelópolis, San Andrés Cholula o Atlixco, departamentos, pisos y hoteles en ciudades como Miami, Madrid o Cancún y hasta poseer cartas de jugadores de fútbol de la primera división, como sucedió con Esparza Ortiz y el mega escándalo de Lobos BUAP.
Quien esto escribe reveló en el 2018 –en medio de la elección de ese año en la que fue el abanderado del PRI– la riqueza que le pertenece al infame Enrique Doger, que fue documentada mediante un amplio reportaje con documentos oficiales y que desató la ira del exrector de la Universidad Autónoma de Puebla al que se le desconoce cualquier tipo de actividad empresarial y que gracias a su y que gracias a su inmensa corrupción se hizo de un par de casas en La Vista Country Club, dos más en Lomas de Angelópolis, terrenos, centros comerciales y hasta de un periódico, que por años le sirvió para extorsionar a decenas de políticos en la aldea.
Lo mismo sucedió con su sucesor Enrique Agüera. De todos es conocido el malhabido patrimonio que el exrector, conocido por su extravagancia y gustos por las fiestas con alumnas y trabajadoras de la universidad, el cual fue expuesto en el contexto de la elección interna del 2013 cuando como candidato del PRI peleó por la presidencia municipal de Puebla.
Ver: El PRI tiene esperanzas de vida sin el miserable Néstor Camarillo
Pero, el caso más indignante y escandaloso es el de Alfonso Esparza, quien estuvo al frente de la rectoría de la BUAP durante 10 años, periodo que le bastó para hacerse de una riqueza inexplicable a costa del dinero de la máxima casa de estudios de la entidad y de su comunidad universitaria.
Tan malo fue el manejo que le dio el nada célebre “Tío Poncho” a la Benemérita poblana, que tiró a la basura el máximo logro deportivo alcanzado por la institución, que fue el ascenso a la Liga MX del extinto equipo Lobos BUAP, el cual desapareció por los pésimos manejos deportivos de la directiva encabeza por la hija del exrector, Luza Esparza, y por el constante desvió de recursos públicos y lavado de dinero que se dio al seno de la escuadra universitaria.
Alfonso Esparza se robó tanto dinero de la BUAP que le alcanzó para comprar un piso entero en una de las zonas más exclusiva de Madrid, para exiliarse ahí después de que en el gobierno de Miguel Barbosa se le giró una orden de aprehensión por peculado, corrupción, lavado de dinero y malversación de recursos públicos.
A pesar de todo esto, Esparza hoy busca regresar por sus fueros a la BUAP para regresarle a aquella época oscura de saqueos y miseria del pasado reciente.
Y es que, de la mano de su esbirro, el pillo Rodolfo Zepeda Memije, autor del violento desalojo de de 26 estudiantes que realizaban una huelga de hambre en el zócalo de la Angelópolis, el “Tío Poncho” quiere regresar a la rectoría de la Benemérita poblana.
En el segundo día de la etapa de auscultacíon del proceso para elegir al nuevo recto o rectora de la BUAP, dos “espontaneos” decidieron postular al títere de Esparza para pelearle a Lilia Cedillo la dirección general de la universidad pública.
Ver para creer.
El primero respaldo lo realizó una maestra de la Facultad de Lenguas y el segundo llegó por parte de dos alumnos de la Facultad de Ingenierías.
Tres en total.
Hay que recordar que detrás del paro de labores de la BUAP, que afectó a miles de estudiantes, de inicio de años estuvieron Alfonso Esparza y Rodolfo Zepeda Memije, en un intento desesperado para desestabilizar a la rectora Cedillo, cuya conspiración fue expuesta en este mismo espacio y por otros colegas periodistas y que al final terminó por fracasar.
“Atrás de este movimiento, hay también algunas manos. Y yo creo que debería darles vergüenza decir que son universitarios. Honestamente hay cosas que estamos haciendo como institución y que yo sé bien que tocan intereses económicos de otras personas”, mencionó en su momento la rectora de la BUAP.
La BUAP no debe regresar a la época oscura del esparzismo.
Los nuevos tiempos en la máxima casa de estudios de Puebla se lograron gracias a la sensatez y valor de la Lilia Cedillo, quien avanza con banderas desplegadas a su inminente reelección.
Alfonso Esparza no entiende que no entiende.
La desfachatez absoluta.