Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Tras casi una semana de un silencio culposo luego de que la Auditoría Superior del Estado presentó el primero de dos paquetes de denuncias penales en su contra ante la Fiscalía General de Puebla, Alfonso Esparza al fin desenterró la cabeza para defenderse, tibiamente, de las acusaciones por los delitos de operaciones simuladas, abuso de autoridad y tráfico de influencias como rector de la BUAP.
En la sesión del Consejo Universitario de este jueves, que será recordado por mucho tiempo por convertirse en un verdadero circo, Esparza Ortiz cometió el grave error de autoproclamarse el dueño de la BUAP para ocuparla como su chaleco antibalas ante el problema legal que se le avecina.
El extesorero de la era agüerista olvidó que la máxima casa de estudios está por encima de cualquier persona que ocupe, con fecha de caducidad, la rectoría de la universidad.
Enredado en su propio laberinto, el rector de la Universidad Autónoma de Puebla, que a diario pierde su distintivo de Benemérita gracias a su director general, piensa que la figura del rector, en automático, supera a la institución y a su autonomía.
La soberbia y la vanidad tienen cegado a Esparza, quien ya cada vez más se parece a un político acartonado que a un académico.
Qué poco o nada queda de aquel personaje que en el 2013 prometió ante el Consejo Universitario, que hoy ocupa a su conveniencia, no ocupar a la BUAP como trampolín político y respetar la historia de la máxima casa de estudios de Puebla.
Y es que Esparza Ortiz ya se encerró en una burbuja. El rector de la Universidad Autónoma de Puebla cree, ilusamente, que el respaldo de sus académicos y de sus consejeros universitarios también se replica en la sociedad en general, sin embargo, lo que el contador público no ve es que el apoyo de sus directores es un simple método de supervivencia para no perder el cheque quincenal.
¿Quién en su sano juicio atacaría a su jefe?
La confusión del académico es tal que, en su último discurso frente al Consejo Universitario —en la que él solo vio una persecución política en lo que es, claramente, un acto de justicia ante la red de corrupción que enraizó en la BUAP—, ya no sólo habló por la comunidad universitaria, Esparza ya habló en nombre de todos los poblanos.
De ese tamaño es la arrogancia del rector.
Si Alfonso Esparza realmente quiere “representar a los poblanos”, ya es tiempo de que presente su renuncia como rector de la Benemérita de Puebla y, por fin, reconozca sus aspiraciones políticas de competir en las elecciones intermedias del próximo año y que es una de las cabecillas del Bloque Amplio Opositor de Puebla (BOAP).
También es momento de que la comunidad universitaria libre ya alce la voz para exigirle a Esparza Ortiz que deje de ensuciar el nombre de la BUAP y, sin el cargo de rector, enfrente a la justicia por los presuntos delitos por los que se le acusan.
Consciente de todos y cada uno de los señalamientos que hizo la ASE, Alfonso Esparza ya no tiene otro salvavidas al que aferrarse más que al de la autonomía de la BUAP, que, a su decir, está siendo violentada por el gobierno de Miguel Barbosa.
A Esparza no le queda más que buscar a un villano que mostrar frente al Consejo Universitaria antes que reconocer que quebrantó las arcas de la Universidad Autónoma de Puebla y que su red de corrupción se enquistó en las entrañas de la institución conforme avanzaban los años de su rectorato.
Como lo mencioné en este mismo espacio, el descenso de Alfonso Esparza es lento y será muy tortuoso mientras el rector siga utilizando su inagotable discurso de la “autonomía universitaria”.
Si Esparza está tan seguro de su inocencia que enfrente a la justicia como cualquier persona y no con la BUAP y con su comunidad universitaria como escudo.
El obnubilado y desesperado rector pierde de vista que por cada discurso incendiario y bélico se abre una nueva investigación por años y años de excesos y abusos cometidos desde el Edificio Carolino.
Si algo tiene que entender Alfonso Esparza es que la BUAP no le pertenece al rector en turno.
La institución siempre estará por encima del transitorio dueño de la rectoría de la Universidad Autónoma de Puebla.
Ni los acarreados ni los buscachambas salvarán a Esparza.
Alfonso y la burbuja de su BOAP está a punto de explotar.
