Después de Rimet
Por: María Reyes / @maria_FerGR
Hay una diferencia entre un pivot y la acción de pivotear. En general, un pivote es un giro en un pie, donde la pierna que no es de soporte se coloca detrás o delante del pie de apoyo. Obviamente, el pivote no implica desplazamiento espacial; sólo rotación en el eje vertical, y no necesariamente una vuelta completa, puede ser menos de media vuelta. La acción de pivotear es cuando el pie libre no se apoya en el cuerpo; por ejemplo, un paso de salsa, cuando el pie libre se aparta para dar paso al pie de la otra persona pero desaparece casi instantáneamente.
La apuesta de Koeman bien podría llamarse pivote; ya no sé si por el giro o por la acción. Creo que simplemente por ser un cambio radical en la historia del sistema de juego del Barcelona. Un cambio que puede salir tan mal como bien, un giro ejecutado y equilibrado pero que no lleva a ningún lado o una acción para dar continuidad al baile. Es, sobre todo, un intento (yo no sé si desesperado o atinado) de lograr una salida del balón mucho más letal y el despunte del media punta (una posición que no se veía en el campo blaugrana).
Aunque el 4-2-3-1 es la formación que más impacto ha tenido en estos años de modernización del juego moderno, no puedo evitar pensar que es un sistema que se ha concretó con éxito en el Chelsea y el Manchester United… pero también en el Real Madrid y, desde Mourinho, se desarrolló en función de los jugadores que tenían. Es irrelevante decir que el Madrid ya probó combinaciones diferentes (178 alineaciones diferentes, dice Zidane, en 202 partidos) y está evolucionando su juego y afinando a sus titulares.
El Barcelona, que más bien se aferraba a un sistema 4-3-3, podría beneficiarse con ciertas posiciones: De Jong regresará a una posición en la que triunfó en el Ajax, Coutinho y Griezman se acercarán al centro, incluso Messi, que ya ha jugado como media punta, podría adaptarse y rotar ofensivamente. En el lado de las negativas, otra vez me pregunto qué pasa con los jóvenes como Puig o Aleñá, cuyos minutos en sus posiciones naturales se están viendo ya limitadísimas.
El problema con la teoría es siempre el factor humano. Resulta que los futbolistas sienten y piensan, y no solemos comportarnos como la teoría supone; más bien, nos gusta hacer lo contrario. No he tenido muchas ocasiones de ver al Barça jugar últimamente, pero tampoco creo que hayan tenido un enfrentamiento real y demandante donde poner en práctica la teoría de este sistema (que, además, es un sistema que no hemos utilizado jamás). Se presume que rescataremos los rasgos característicos del estilo de juego: posesión del balón, sobretodo. Se nos olvida que también el campo juega en contra; han existido espacios negativos en ese formación que podrían representar un problema serio si los jugadores no se acostumbran pronto.
Un Nigeriano fan del Barcelona comentaba ayer que el equipo no tiene ningún defensa confiable. Piqué, Lenglet, Alba, Sergi mi amor, y el resto no tienen la fuerza o consistencia para repeler. Si ellos no cambian, el equipo está perdido. Otros opinan que el cambio de sistema pronostica peores consecuencias que el 8-2; en la era Pep (esa manía que tenemos todos de recordar lo que era bueno cuando era bueno), nunca se pensó siquiera en el doble pivote y, con todo, Busquets y Xavi eran la maravilla del medio campo, el corazón y la columna vertebral. Más aún, ese doble pivote es una ofensa porque la alineación tiene nombre, tiene intención y tiene ideología. Y el 4-2-3-1 es de intenciones defensivas; un recurso pero no un sistema. Ahora, si la afición y Koeman tienen razón… tal vez el problema sí es la defensa.
En realidad, se ha intentado usar esta formación desde antes, mucho antes e intermitentemente; incluso Pep llegó a usarla alguna que otra vez. ¿El resultado? Sencillamente la plastilina futbolística blaugrana se auto-moldea a una figura de 4, como si fuera su ADN, como si no pudiera verse en otra configuración, como si el tiempo, la vida, el uso y la suerte se hubieran incrustado en su formación. El Barça no conoce otra cosa. Y también se ha vuelto predecible. Todo se sabrá en octubre, cuando volvamos a sentir la emoción de un Clásico.
