Por Carlos Madrid
ATLIXCO, Pue.— Una ofrenda también puede tener sabor, aroma y una forma inesperada de presentarse a la mesa. En Café D Ruta, la celebración del Día de Muertos encontró una expresión en un cráneo de chocolate semiamargo que reúne ingredientes de temporada y referencias a los rituales con los que, en México, se recuerda a quienes ya partieron.
La pieza, denominada Catrina, se monta sobre una estructura de piedra que evoca un altar. En su composición incorpora ceniza de totomoxtle, relleno de camote amarillo con vainilla, falso caviar de mandarina y aromas de copal, elementos que buscan trasladar parte de la simbología de estas fechas a una preparación gastronómica.
El postre tiene también un componente escénico. El calor colocado debajo de la piedra suaviza el chocolate hasta permitir que el cráneo se abra con una cuchara y deje al descubierto su relleno. La degustación comienza así antes del primer bocado: primero aparece la figura, después su ruptura y finalmente la combinación de sabores.
Detrás de la propuesta está Carlos Michaca, propietario del establecimiento y un emprendedor que ha desarrollado creaciones inspiradas en los ingredientes y aromas del otoño mexicano. La iniciativa forma parte de una oferta estacional que incluye preparaciones de panadería y bebidas elaboradas con referencias a la mandarina, el cempasúchil, la calabaza y el café. La búsqueda no se limita a cambiar la presentación de un alimento. En esta pieza, el chocolate adquiere la forma de un cráneo; el camote recupera un lugar dentro de los sabores tradicionales de temporada, y el copal remite al universo aromático de las ofrendas. La combinación plantea una forma de llevar los símbolos de la celebración a un lenguaje contemporáneo sin desprenderlos por completo de su significado.
La propuesta encuentra un contexto particular en Atlixco, donde el Valle de Catrinas ha extendido la presencia del arte de cartonería por distintos puntos del municipio y atrae a visitantes durante la temporada. Sin embargo, la celebración no ocurre solamente en las esculturas monumentales o en los espacios destinados al recorrido turístico. También se manifiesta en los negocios que adaptan sus productos, en los productores que proveen ingredientes y en quienes encuentran una oportunidad para incorporar la tradición a su trabajo.
La gastronomía se ha convertido en otra forma de narrar el territorio. El cempasúchil, la calabaza, la mandarina y el pan de muerto aparecen en preparaciones que recuperan referencias conocidas, pero las presentan de maneras distintas. En ese proceso, las propuestas de temporada muestran cómo los establecimientos locales participan en la construcción de una identidad culinaria vinculada con las celebraciones de Todos Santos.
Ubicado en la calle 3 Sur número 103 B, a media cuadra del zócalo de Atlixco, Café D Ruta suma así una propuesta en la que el Día de Muertos se observa desde otra perspectiva: no solo como una tradición que se contempla, sino como una experiencia que también puede reconocerse a través de los sentidos.
En una temporada dominada por las imágenes de catrinas, flores y altares, el cráneo de chocolate introduce una pregunta sencilla: ¿qué ocurre cuando los elementos de la memoria dejan de ser únicamente símbolos y encuentran una nueva manera de contarse? En Atlixco, al menos por estos días, la respuesta también puede servirse a la mesa.
