El empresario mexicano ha transformado su papel dentro de Grupo Duxon. Después de involucrarse directamente en sus operaciones, hoy concentra su trabajo en la estrategia, el desarrollo de líderes y la consolidación institucional, sin perder de vista los detalles que ocurren en cada una de las empresas que integran el corporativo.
El crecimiento de una empresa también transforma el trabajo de quien la dirige. En los primeros años, el fundador suele estar presente en prácticamente cada decisión: conoce a los clientes, participa en las negociaciones, supervisa proyectos, revisa presupuestos y permanece atento a los problemas cotidianos.

Conforme la organización crece, esa participación necesariamente cambia. No porque el empresario deje de involucrarse, sino porque su responsabilidad adquiere una dimensión mayor: mantener el rumbo, impulsar nuevas oportunidades, fortalecer las estructuras y asegurarse de que las personas que integran la organización cuenten con las herramientas necesarias para continuar creciendo.
Ese proceso forma parte de la trayectoria de Omar Anitua Valdovinos, empresario mexicano que ha participado en la creación, dirección y consolidación de compañías en distintos sectores y que actualmente preside el Consejo de Administración de Grupo Duxon.
Su evolución empresarial no ha significado alejarse de las compañías que ayudó a construir. Por el contrario, su actual responsabilidad implica conocer lo que sucede dentro de ellas, dar seguimiento a sus resultados, revisar aspectos financieros y operativos, mantenerse cercano a los equipos y, particularmente, definir hacia dónde debe avanzar el corporativo.
Para Anitua Valdovinos, delegar no significa desentenderse. Significa contar con profesionales capaces de asumir responsabilidades mientras él mantiene la supervisión y la visión general del negocio.
Una trayectoria iniciada desde la operación
Omar Anitua es arquitecto y empresario, con experiencia en el desarrollo de proyectos de infraestructura y la dirección de compañías.
De acuerdo con su información curricular, entre 2007 y 2010 participó como asesor en materia de infraestructura. Posteriormente asumió la Dirección General de Grupo Duxon, posición desde la cual intervino directamente en la creación, desarrollo y operación de distintos proyectos empresariales.
Durante los primeros años, su participación fue completamente presencial.
“Mi participación en la creación y operación de las empresas fue totalmente presencial, estuve directamente involucrado en cada etapa de su desarrollo”, recuerda. Pero el crecimiento de los negocios comenzó a exigir una estructura diferente y la incorporación de personas de confianza que pudieran acompañarlo en el desarrollo de las compañías.
No fue un proceso sencillo. Anitua reconoce que una de las principales dificultades fue aprender a delegar.
“Delegar no siempre es sencillo, especialmente cuando eres exigente con los resultados. Me gusta que las cosas se hagan bien, con rapidez y con altos estándares”, señala.
Esa exigencia personal ha acompañado su trayectoria como empresario. Su visión no se ha limitado a la creación de negocios, sino a establecer compañías con capacidad de crecimiento y permanencia.
Su preparación académica también ha acompañado este proceso. Su trayectoria incluye estudios de alta dirección en IPADE y un programa ejecutivo en Wharton, formación que complementó la experiencia práctica adquirida durante sus primeros años en el ámbito empresarial.

Con el paso del tiempo, las actividades de Grupo Duxon se extendieron hacia sectores como seguridad privada, construcción, servicios marítimos, salud y servicios financieros.
La diversificación aumentó la complejidad de la organización y llevó a establecer estructuras de responsabilidad, procesos internos y equipos especializados.
Pero, aun con esta transformación, existe una constante: Omar Anitua continúa siguiendo de cerca el desempeño de las empresas que integran el corporativo.
Su participación dejó de ser la de una sola persona resolviendo directamente cada asunto, para convertirse en la de un empresario que observa el conjunto, supervisa los resultados y mantiene la atención en los detalles que pueden marcar la diferencia en el rumbo de una compañía.
El crecimiento exigió una nueva manera de dirigir
Llegar a una estructura empresarial más amplia implicó para Omar Anitua comprender que incluso la capacidad y experiencia de un empresario tienen límites cuando el volumen de trabajo aumenta.
Así llegó una de las transformaciones más importantes de su trayectoria: pasar de la Dirección General a la Presidencia del Consejo de Administración de Grupo Duxon.
El cambio modificó sus responsabilidades, pero no disminuyó su involucramiento.
Ahora, además de participar en la conducción general del corporativo, su responsabilidad está relacionada con la expansión de Grupo Duxon, tanto en México como fuera del país; con la definición de nuevas oportunidades de negocio; con la supervisión de los resultados y con la construcción de una estructura empresarial capaz de sostener el crecimiento.
Hay responsabilidades que, incluso con el paso del tiempo, Anitua Valdovinos no ha querido dejar completamente en manos de otros.
Entre ellas están las negociaciones y la búsqueda de nuevos proyectos.
“Aunque hoy tengo una responsabilidad más estratégica, me gusta mantenerme cercano a los proyectos y a los clientes. Para mí es importante que sepan que estoy presente y atento a sus necesidades”, afirma.
Esa cercanía también se refleja internamente. Aunque las diferentes empresas cuentan con equipos y responsables propios, el presidente del Consejo mantiene interés en conocer qué ocurre dentro de ellas, cómo avanzan sus proyectos, cuál es su situación financiera y, sobre todo, cómo se encuentra su gente.
Porque para Anitua, el crecimiento empresarial no puede entenderse únicamente a partir de indicadores financieros.
Delegar para construir nuevos líderes
Uno de los principales retos de un fundador consiste en delegar responsabilidades sin perder claridad sobre el rumbo de la organización.
Para Omar Anitua, delegar fue una necesidad derivada del propio crecimiento. Pero también se convirtió en una oportunidad para formar profesionales y descubrir nuevas capacidades dentro de la organización.
La selección de quienes ocupan posiciones directivas no depende únicamente de su experiencia profesional.
“La experiencia y las capacidades son importantes, pero para mí los valores personales son determinantes. También creo firmemente en dar oportunidades a jóvenes con talento, compromiso y voluntad de crecer”, explica.
Su criterio parte de una convicción: los valores, la empatía y las ganas de salir adelante también determinan la capacidad de una persona para asumir responsabilidades.
Dentro de Grupo Duxon existen colaboradores que han crecido profesionalmente dentro de la organización y que actualmente ocupan responsabilidades que anteriormente dependían directamente de su fundador.
Son historias que Anitua reconoce con orgullo, porque representan una parte del crecimiento que considera más importante: el desarrollo de las personas.
Su manera de entender el liderazgo también contempla escuchar.
Cuando un integrante de su equipo toma una decisión diferente a la que él habría tomado, su primera reacción no es descalificarla.
“Siempre quiero conocer las razones detrás de una decisión. Escuchar otras perspectivas permite encontrar soluciones diferentes y, en ocasiones, mejores. Una buena dirección también implica saber escuchar”, señala.
En una organización que ha crecido y diversificado sus actividades, esta capacidad de escuchar resulta fundamental para mantener equipos con autonomía, pero también alineados con una visión empresarial común.
Delegar, en este sentido, no significa renunciar al control del rumbo. Significa permitir que otros profesionales participen en la construcción de ese rumbo.

Una cultura compartida entre empresas diferentes
La diversificación de Grupo Duxon plantea otro desafío: conservar principios comunes entre compañías con actividades y necesidades distintas.
Una empresa de seguridad privada, una constructora, una organización de servicios médicos y una entidad financiera requieren conocimientos y procedimientos específicos. Sin embargo, existen principios que deben permanecer presentes independientemente del sector: responsabilidad, compromiso, cumplimiento, trabajo en equipo y respeto hacia las personas.
Para Omar Anitua, la cultura de una organización comienza precisamente por quienes la integran.
Su visión empresarial parte de una premisa que ha mantenido desde los primeros años: los colaboradores son una pieza fundamental para alcanzar los objetivos de la compañía.
“Los resultados financieros son fundamentales, pero desde el inicio tuve claro que una empresa no puede crecer sin su gente. Mis colaboradores y mi equipo de trabajo siempre han sido una prioridad.”
Esto no significa reducir la exigencia sobre los resultados. Por el contrario, Anitua se define como un empresario exigente consigo mismo y con quienes forman parte de sus equipos.
“Soy exigente porque también soy exigente conmigo mismo. Si estoy dispuesto a darlo todo por un proyecto, espero el mismo compromiso de quienes forman parte del equipo”, sostiene.
Desde la Presidencia del Consejo, su responsabilidad consiste también en procurar que esos principios permanezcan presentes en cada una de las empresas, aun cuando las decisiones operativas sean tomadas por equipos especializados.
Un legado más allá de los resultados
Para Omar Anitua, el éxito empresarial no se encuentra únicamente en el número de empresas que conforman un corporativo, en los proyectos desarrollados o en sus resultados financieros.
También está relacionado con la huella que una organización puede dejar en su entorno.
“Mi objetivo siempre ha sido dejar una huella positiva en la sociedad. El éxito empresarial también debe traducirse en oportunidades y en mejores condiciones para las nuevas generaciones” destaca.
Esa visión se refleja en Duxon Contigo, el programa de responsabilidad social de Grupo Duxon, que tiene entre sus principales objetivos contribuir al desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad.
El programa busca generar oportunidades para que las nuevas generaciones puedan construir perspectivas diferentes para su futuro, mediante acciones de acompañamiento, apoyo y vinculación con organizaciones que trabajan directamente con población vulnerable.
Para Anitua, esta dimensión forma parte de la responsabilidad que acompaña al crecimiento empresarial.
El desafío de construir un conglomerado empresarial
La transición de fundador operativo a presidente estratégico no ocurre únicamente mediante un cambio de cargo. Implica aprender a compartir responsabilidades, desarrollar nuevos líderes y confiar en las capacidades de otras personas.
Pero también exige conservar la capacidad de observar el conjunto.
Omar Anitua ya no dirige personalmente cada una de las operaciones de Grupo Duxon. La dimensión alcanzada por el corporativo hace necesario contar con directivos y equipos especializados en cada empresa.
Sin embargo, eso no significa que haya dejado de estar presente. Su función actual consiste precisamente en supervisar el rumbo de la organización, conocer sus resultados, mantenerse informado sobre las situaciones que enfrentan sus empresas y participar en las decisiones que determinan su crecimiento y expansión.
La dirección que permanece directamente bajo su responsabilidad es la del corporativo y, sobre todo, hacia dónde debe dirigirse.
Es una diferencia importante respecto de sus primeros años. Antes, su trabajo consistía en estar prácticamente en todos los frentes. Hoy, su responsabilidad consiste en asegurarse de que todos esos frentes avancen en la misma dirección.
El reto, entonces, no consiste únicamente en construir empresas capaces de competir y expandirse. También consiste en construir una organización con personas preparadas para asumir nuevos desafíos, con una cultura que conserve sus principios y con una visión que trascienda los resultados inmediatos.
Desde la Presidencia del Consejo de Administración, Omar Anitua Valdovinos enfrenta una responsabilidad distinta a la de sus primeros años como empresario.
Ya no se trata de estar al frente de cada operación, sino de conducir una organización que ha alcanzado una dimensión que exige especialización, confianza y estructura.
Pero hay algo que no ha cambiado: su interés por conocer lo que ocurre en sus empresas, por mantenerse cerca de sus colaboradores y por participar en las decisiones que determinan el futuro del corporativo.
La diferencia está en la escala.
Aquel empresario que comenzó involucrándose personalmente en cada operación hoy tiene la responsabilidad de conducir un grupo empresarial diversificado y proyectarlo hacia nuevas etapas de crecimiento.
Delegar le permitió construir equipos, la exigencia le permitió establecer estándares, la experiencia le permitió comprender que el crecimiento requiere profesionales, y la visión empresarial le ha permitido asumir una responsabilidad mayor: no solamente dirigir las empresas que existen hoy, sino definir hacia dónde debe avanzar Grupo Duxon en los próximos años.