Ojo de Tigre y Victoria presentan una edición especial que confirma una tendencia: los sabores mexicanos siguen encontrando nuevas formas de contarse.
Cuando una cerveza y un mezcal deciden encontrarse, la noticia parece hablar de una nueva bebida. Pero en realidad habla de algo mucho más mexicano: la mezcla.
La reciente colaboración entre Ojo de Tigre y Cerveza Victoria, impulsada por Luis Gerardo Méndez rumbo al Mundial, reúne dos productos que forman parte de la cultura popular del país y que hoy buscan conectar con nuevas generaciones.
La apuesta no es casual. Desde hace años, Victoria ha construido campañas alrededor de la identidad mexicana, de aquello que nos distingue y de las formas en que la cultura se expresa más allá de las palabras.
Y en esa conversación aparece Puebla.
A las faldas del Popocatépetl, en la junta auxiliar de Axocopan, Atlixco forma parte de una región donde el mezcal continúa ganando reconocimiento por su calidad y por una producción que ha logrado abrirse camino dentro y fuera del país.
Lo interesante es que la tendencia no termina en las grandes marcas. En distintos puntos de Puebla, productores y emprendedores han comenzado a experimentar con ingredientes que forman parte de la identidad local: mezcal, flor de cempasúchil, café, cítricos y agua de la región volcánica. La lógica es simple: reinterpretar sabores tradicionales para nuevas audiencias.
Quizá por eso la colaboración entre Ojo de Tigre y Victoria resulta tan natural. Porque si algo distingue a la gastronomía mexicana es su capacidad para mezclar, reinventar y apropiarse de los ingredientes sin perder el vínculo con su origen.