En su afán por convertirse en la candidata de Morena a la alcaldía de San Pedro Cholula en las elecciones del 2027, Salvatori Bojalil vio una oportunidad de oro en el caso de Ariana por el supuesto uso desmedido de la fuerza pública por parte de los efectivos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de San Andrés, pero la granada terminó por explotarle en las manos conforme salieron a la luz los detalles de la detención.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Más del repudio social en el que se convirtió la correcta detención de Ariana Ferretiz por manejar en estado de ebriedad, transitar con su vehículo por áreas peatonales en la zona de las pirámides en San Andrés Cholula, evasión de la autoridad y –lo más grave– exponer a sus dos hijos menores de edad al conducir un vehículo con un alto grado de intoxicación etílica, este escándalo nacional expuso, una vez más, un fallo en el sistema político actual instaurado por Morena.
La diputada local Nayeli Salvatori, de quien puedo presumir una añeja amistad de casi 10 años y a quien conozco desde la secundaria al coincidir en el Colegio Benavente, es una experta en politizar el morbo, capitalizar los escándalos a su favor y el ejemplo perfecto de la premisa que reza “no hay publicidad mala”.
Sin embargo, esta vez la jugada le costó bastante cara a la famosa “Señora de las Lomas”.
Ni el controversial montaje del “harinazo”, justo en la misma zona en la que sucedió el arresto de Ariana Ferretiz, en el 2024 le salió tan caro a la legisladora, quien tuvo que recular en su defensa a ultranza de la mujer que saltó a la fama por presumir sus relaciones con el Cartel Jalisco Nueva Generación, utilizar el nombre del alcalde Pepe Chedraui y amenazar a las agentes de la policía sanandreseña que evitaron una tragedia mayor al arrestarla y con ello impedir que circulara en esas condiciones.
En su afán por convertirse en la candidata de Morena a la alcaldía de San Pedro Cholula en las elecciones del 2027, Salvatori Bojalil vio una oportunidad de oro en el caso de Ariana por el supuesto uso desmedido de la fuerza pública por parte de los efectivos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de San Andrés, pero la granada terminó por explotarle en las manos conforme salieron a la luz los detalles de la detención.
Nay, una vez más, se equivocó en politizar el tema.
Ariana Ferretiz era indefendible.
La diputada fue el fósforo que hacía falta para que se bidón de gasolina ardiera.
Y fue así.
Cada frase dicha por la supuesta “empresaria joyera” era cada vez peor.
Tan es así que la propia Nay Salvatori tuvo que deslindarse de ella a pesar de que en dos ocasiones grabo un par de videos para defenderla y “darle voz”, según sus propias palabras”, a la madre, que jamás pensó en la seguridad de sus hijos al exponerlos a un peligro inminente por conducir bajo los efectos del alcohol, mismos que le nublaron el juicio y la llevaron a un momento de locura temporal.
En Estados Unidos existe el término «momentarily insane» para referirse justo a esos episodios en los que una persona pérdida de razón pasajera. También puede interpretarse en contextos legales como una reacción impulsiva o un episodio de locura temporal.
Pero, en México esta disociación aun no es válida para evadir las responsabilidades legales.
Insisto, Nayeli Salvatori es una experta en capitalizar el morbo a su favor.
Ella sabe que el método para elegir a los candidatos de Morena, que es a través de las encuestas, tiene una falla y muchas lagunas.
La principal: el conocimiento de los aspirantes, aunque los líderes nacionales del partido lopezobradorista lo nieguen.
Si la popularidad no tuviera un peso tan superlativo, los aspirantes, como lo vemos en Puebla, no gastarían millones de pesos en pagar espectaculares y bardas con su nombre, entrevistas, encuestas y pautados, y demás artículos para promocionarse en la búsqueda de tener los mejores números en dichos sondeos.
Cualquier oportunidad, contexto o mínimo detalle vale para ser la persona más conocida.
¿Pero cuál es el costo?
Nadie como Salvatori para contestar esta pregunta.
En la era de las redes sociales y de la infodemia ¿realmente no existe la publicidad mala?
Sigue siendo válida esta teoría goebbeliana en una época en las que ya no es tan fácil influenciar en el juicio de las masas.
Y todo por la maldita encuesta.