La comodidad y felicidad que irradia, la autenticidad con la se desenvuelve y la cercanía que muestra con los miles de personas que siempre acuden puntual a verla han logrado que Puebla sea un lugar al que Claudia Sheinbaum siempre quiere regresar.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Ninguna otra entidad ha sido tantas veces visitada por Claudia Sheinbaum como Puebla.
Tal vez sea la cercanía con la Ciudad de México o que la presidenta de México vea en el estado poblano una segunda casa o uno de los principales bastiones políticos de la izquierda desde que Andrés Manuel López Obrador buscó por primera vez la presidencia de la República en el 2006.
Algo tiene nuestro estado que Sheinbaum Pardo se siente como en casa.
No por nada, Puebla es la entidad que la presidenta más ha visitado desde que asumió la titularidad del Ejecutivo federal.
Desde hace dos décadas, el estado ha estado inclinado más hacia la izquierda que hacia otra corriente política. Sin importar quien fuera el candidato ganador, la entidad poblana era de los pocos estados que siempre votaba más por el abanderado del extinto PRD.
Antes de los ‘tsunamis’ obradoristas y claudistas del 2018 y del 2024, Puebla ya estaba “en el lado correcto de la historia”.
La comodidad y felicidad que irradia, la autenticidad con la se desenvuelve y la cercanía que muestra con los miles de personas que siempre acuden puntual a verla han logrado que Puebla sea un lugar al que Claudia Sheinbaum siempre quiere regresar.
La gira de este fin de semana de Sheinbaum no fue una más.
Ninguna de sus visitas lo son.
Sin destapes, ‘apapachos’ o ‘palomeos’, las giras de la presidenta siempre dan la nota de ocho columnas.
Esta vez no fue la excepción.
Y es que lo más simbólico sucedió –tal vez– en las horas previas al arribo a tierras poblanas de la exjefa de gobierno de la CDMX cuando se dio a conocer que la suspensión de sus derechos partidistas en Morena de las diputadas misándricas y edadistas, Nayeli Salvatori y Elvia Graciela Palomares, quienes fueron expuestas como el ejemplo perfecto de lo que ya no se permitirá en Morena en este Segundo Piso de la 4T.
A diferencia de lo que sucedía en el obradorato, Claudia Sheinbaum tiene la estatura política y la calidad moral para condenar, exigir sanciones o vetar a personajes advenedizos, fatuos o banales como lo son Salvatori y Palomares, quienes a partir de este sábado fueron arrojadas al basurero de la política.
También la visita de la presidenta sirvió para despejar cualquier duda que existía sobre la buena relación que ella mantiene con el gobernador Alejandro Armenta, quien se ha ganado su confianza y afectos.
Y es que el gobernador Armenta ha demostrado y seguirá demostrando que es uno de los mandatarios más fieles a Palacio Nacional y que –a diferencia de lo que algunos periodistas insisten en comentar– sabe respetar las jerarquías, ser disciplinado y acatar las órdenes presidenciales.
Esas, justo, han sido las virtudes que han llevado a Alejandro Armenta a concretar una carrera política longeva y existosa.
Otro hecho que no pasó desapercibido ni para el morenismo ni la clase política ni los “adictos” a las señales fue el reconocimiento que recibió el alcalde Pepe Chedraui en voz de la presidenta Sheinaum, quien lo felicitó por su “gran trabajo” hecho al frente del Ayuntamiento de la ciudad de Puebla en el marco de la entrega de las primeras casas del Programa Viviendas para el Bienestar.
El ‘apapacho’ que recibió el edil capitalino llega en el mejor momento, justo cuando a diario crece la versión de que repetirá como candidato de Morena a la alcaldía de la Angelópolis para pelar por su reelección en los comicios intermedios del próximo año.
Lo mismo sucedió con la mención particular que recibió Olivia Salomón por ser la representante del gobierno de la República durante la Jornada Nacional de Reforestación en Durango, estado que es gobernador por el priista Esteban Villegas.
La nueva visita de Claudia Sheinbaum dejó como principales mensajes que ella, y solo ella, es el principal motor de la 4T y de Morena en Puebla, que sus palabras de aliento y cariño son escasas pero bien medidas y que su investidura como presidenta no se manchará por los neomorenistas y adevendizas que únicamente se sumaron al partido por un poco de poder.
Sin reuniones privadas, “pinches señales” o destapes, la presidenta Sheinbaum dejó una serie de símbolos que deben analizarse con detalle en el futuro político cercano en Puebla.
Sí, la Puebla en la que Sheinbaum ve un segundo hogar.
La Puebla que sigue siendo un bastión de la izquierda en el país.
Y la Puebla para la que la presidenta decidirá –sí, decidirá– que es lo mejor para el 2027.
Lo demás es simple ruido y elucubraciones.