Y es que no quieren perder –en especial la remora llamada Partido del Trabajo– los privilegios que otorgar el poder y que le costó décadas acceder.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
“No es que estuvieran en contra de los privilegios, es que no tenían acceso a ellos”, es una de las frases con la que la oposición, que en el pasado reciente ostentaron el poder en México durante casi 100 años, de manera constante hoy critican a los personajes más representativos de la llamada Cuarta Transformación.
Esta tesis quedó validada en el contexto de la desaprobación de la Reforma Electoral, que intentó impulsar la presidenta Claudia Sheinbaum.
El PT y el Verde Ecologista enseñaron el cobre.
Y es que no quieren perder –en especial la remora llamada Partido del Trabajo– los privilegios que otorga el poder y que le costó décadas acceder.
No, no eran diferentes.
Simplemente no se habían dejado embriagar por el poder.
Sí, el poder que corrompe hasta a los más idealistas.
Hoy lo sabemos: su dios es el dinero (AMLO, dixit).
El nuevo fracaso de la Reforma Electoral de Sheinbaum Pardo, la misma con la que Andrés Manuel López Obrador se topó con pared, exhibió que la alianza entre Morena, PT y PVEM no es más que coyuntural, sin ideales compartidos ni denominadores comunes de fondo más que los cargos públicos, el manejo del erario y el poder por el poder.
No, ni el Partido del Trabajo ni el Verde Ecologista quisieron perder sus privilegios,
Simple y llanamente, no quisieron.
Por eso votaron en contra los cambios a la Constitución Política de México en materia electoral propuestos por Claudia Sheinbaum, quien buscaba acabar con la democracia cupular, con las excesivas y repudiadas diputaciones y senadurías plurinominales otorgadas sin ganarse un solo voto en las urnas y reducir drásticamente el oneroso financiamiento con nuestros impuestos de los partidos políticos.
El PT y el PVEM dejaron más que claro la tarde de este miércoles que su único interés está en el manejo discrecional de los recursos públicos, en el jugoso negocio que se han convertido la venta de las candidaturas ‘pluris’ y todos los interminables vicios que tiene el actual sistema democrático del país.
Ni toda la voluntad, argumentos válidos y buena narrativa de la primera mujer presidenta de México fueron suficientes para convencer a los dueños vitalicios y muy corruptos líderes nacionales de las franquicias llamadas Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista de México.
Desafortunadamente, Claudia Sheinbaum aprendió a la mala.
Sus aliados no son en verdad sus aliados.
En el sexenio de López Obrador, su reforma electoral fracasó por no contar con los votos suficientes en la Cámara de Diputados para modificar la constitución, pero ahora la historia es aún más turbia.
El PT y el Verde traicionaron a Sheinbaum.
No solo le votaron en contra su reforma electoral, exhibieron que Morena, sin ellos, no tiene el poder absoluto.
Un gigante con pies de barro.
Un gigante que depende de la voluntad de dos partidos parásitos.
Así de sencillo.
En el pecado llevan la penitencia.
Dejaron crecer a dos alacranes y les brotaron alas.
Las represalias y consecuencias se sabrán en los próximos días.
El segundo piso de la 4T fue dinamitado.
Una auténtica implosión.
Off the record
Liz Sánchez, Nora Merino, Toño López, Tony Gali Junior y Jimmy Natale, pueden irse despidiendo, junto con el resto de petistas y verdeecoligistas de Puebla, de sus aspiraciones en las intermedias del 2027.
Sus votos en contra de la reforma electoral fueron un auténtico sucidio político.
Y es que ellos, sin la fuerza de Morena, son un auténtico cero a la izquierda.
Una historia que bien podría titularse como “La Orfandad Política”.
En automático, Merino, López y Gali Junior están vetados del 2027 por traicionar a a la presidenta Sheinbaum.
El gobernador Alejandro Armenta no los dejará pasar ni a una regiduría de Eloxochitlán.
Y pensar que algunos de sus voceritos ya los veían en la presidencia del Ayuntamiento de Puebla.
C’est fini.