Y es que Mier Velazco ha construido una larga y abundante carrera política gracias a la suerte de acomodarse bien, conseguir buenos padrinos (en su momento fue Enrique Doger, Manuel Bartlett, Mario Delgado y hoy Adán Augusto López) y aprovechar las circunstancias y los momentos del poder.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Ignacio Mier quiso ser gobernador de Puebla en el periodo que hoy encabeza Alejandro Armenta.
Mier pensó que con “suerte” y “cercanía” y podía hacerse de la candidatura al gobierno del estado que perdió en la interna del 2023.
En ese entonces, Nacho no tuvo suerte ni tampoco hizo el trabajo suficiente para vencer a un hombre que llevaba recorriendo la entidad de punta a punta desde hace más de 20 años y no en apenas seis meses.
La suerte no acompañó al proyecto que nació de la noche a la mañana de un grupo ambicioso del que hoy no queda más que el recuerdo.
La misma suerte que le había sonreído en el 2018 al ser elegido como uno de los 200 diputados federales ‘pluris’ de Morena. La misma suerte que le había sonreído en el 2021 para ser reelegido por la misma vía sin la necesidad de ganarse un voto en la calle. La misma suerte que le había sonreído para ser ungido como coordinador de la bancada morenista en San Lázaro tras la salida de Mario Delgado un año antes.
Esa misma suerte le dio la espalda en aquel 11 de noviembre del 2023.
Y es que Mier Velazco ha construido una larga y abundante carrera política gracias a la suerte de acomodarse bien, conseguir buenos padrinos (en su momento fue Enrique Doger, Manuel Bartlett, Mario Delgado y hoy Adán Augusto López) y aprovechar las circunstancias y los momentos del poder.
Sin embargo, Moisés Ignacio no tuvo suerte en su mayor anhelo: ser gobernador de Puebla.
Durante más de un año, Nacho fue visto como un paria junto con su padrino Adán Augusto López, quien no solo es el principal enemigo de la presidenta Claudia Sheinbaum, sino también, el objetivo prioritario de Estado Unidos, que está buscando pescar en México a un “pez gordo” en su narrativa de la colusión entre el narco y el gobierno que existió en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Como accesorio, Mier siguió la suerte de Adán Augusto.
Accesorium sequitur principale.
Vaya ironía: la caída de López Hernández, quien este domingo anunció su dimisión como líder de Morena en el Senado, ha beneficiado una vez a Nacho Mier, quien deberá cuidar a su padrino hasta que la justicia lo alcanza, si es que algún día lo alcanza.
La Diosa Fortuna tocó otra vez el hombro de Morenacho.
Tal vez su unción como nuevo coordinador parlamentario de Morena en la Cámara Alta no le dure mucho a Mier, pues todo indica que la presidenta Sheinbaum colocará en esta posición a uno o una de sus senadores afines al deshacerse –por fin– de Adán Augusto López.
Eso sería lo lógico y lo previsible.
Sin embargo, Ignacio Mier podría sacar mucha ventaja de su nuevo golpe de suerte.
Nacho otra vez está en la plática para los procesos del 2027 y del 2030.
Aunque no es más que un peón, Mier verá de manera frecuente a Claudia Sheinbaum para acordar temas legislativos con ella por el tiempo que dure como líder de Morena en el Senado.
Si Nacho se quita la soberbia, que es su principal defecto que ya lo ha hecho implosionar en el pasado, así como la arrogancia de desafiar continuamente a los líderes políticos en Puebla (en su momento fueron Miguel Barbosa y Sergio Salomón y hoy lo hace con Alejandro Armenta) y logra ser más humilde y disciplinado podrá tener la fuerza suficiente para construir –ahora sí– un proyecto sólido y no improvisado para la próxima sucesión.
Nacho Mier necesita aprender de sus errores.
Reconocer su historia.
No perder el piso otra vez como le pasó en el 2020 cuando fue el líder de los diputados federales de Morena y que lo hizo creerse su mentira de ser “el legislador más cercano a AMLO”.
El hombre y sus circunstancias.
La suerte le sonrió una vez más a Morenacho.
Nacho Mier parece ser el hombre más desafortunado con la mejor suerte.