La tan anhelada reforma electoral, esa que fue uno de los principales fracasos de Andrés Manuel López Obrador, su padre político y antecesor, en la era de la 4T pondrá a prueba la fuerza de la presidenta de México
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
El poder político de Claudia Sheinbaum está frente a su prueba de fuego más importante en lo que va de su aún novel admistración.
La tan anhelada reforma electoral, esa que fue uno de los principales fracasos de Andrés Manuel López Obrador, su padre político y antecesor, en la era de la 4T pondrá a prueba la fuerza de la presidenta de México.
Y es que, sin amarrar el apoyo de sus dos aliados, el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista, Sheinbaum Pardo enviará en estos días su reforma electoral que busca reducir el financiamiento público a los partidos políticos y modificar el sistema actual de Representación Proporcional en el Poder Legislativo.
Sheinbaum quiere acabar con la aristocracia partidista y lo onoreso que las fuerzas políticas, los órganos electorales y las elecciones nos cuestan a todos los poblanos.
Menos recursos para las prerrogativas y plurinominales que tengan que hacer campañas y pedir el voto a sus electores.
Acabar con los privilegios, los acuerdos cupulares y el enriquecimiento de los líderes charros y vitalicios de la ‘chiquillada’ partidista es el objetivo principal de la valiente y temeraria reforma electoral de la primera mujer en ser presidenta de México.
Sin embargo, la inciativa que propondrá el Ejecutivo federal al Congreso de la Unión ya puso en alerta a los barones de la pipitilla política, quines por año se han aprovechado de las diputaciones, senadurías y regidurías plurinominales y del financiamiento público de sus partidos.
La reforma de Sheinbaum no solo toca a sus intereses, lo busca dinamitar.
Una verdadera democracia, más austera y más genuina.
Que la representación proporcional también se gane en las calles.
Gastando suela y ensuciando los zapatos de diseñador que tanto les encanta a los Anaya, a los “Niños Verdes” y a los patronos de la pipitilla de la política en el país.
“Vamos a enviar la reforma electoral, es un compromiso de la Presidenta con el pueblo; quien la quiera apoyar bien, quien quiera mantener el privilegio de la lista (de representación proporcional), la gente los va a señalar, cualquiera que sea el partido (…) Todos y todas tienen que ir a conseguir el voto a territorio. Nadie puede quedarse en su casa tranquilo, esperando ser el número uno de la lista pluri”, señaló Claudia Sheinbaum de forma bastante enérgica y tajante con un tono de voz que denota que no se dejará chantajear ni por el Verde ni por el PT.
La Cámara de Diputados mantendría sus 500 integrantes —300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional—, pero con un rediseño relevante: la mitad de esos 200 espacios serían ocupados por los llamados “primeros perdedores” en los distritos electorales, es decir, candidatos que compitieron directamente y no ganaron. La otra mitad surgiría de listas, aunque con una modalidad distinta: el ciudadano solo podría votar por dos perfiles (un hombre y una mujer), obligando a los aspirantes a hacer campaña. Además, ocho diputaciones serían para mexicanos en el exterior.
El cambio en el Senado es aún más significativo. Se propone reducir su integración de 128 a 96 integrantes, eliminando a los 32 plurinominales y regresando a un modelo similar al previo a la reforma de 1996: dos senadores por mayoría relativa por entidad y uno de primera minoría.
Además, propondrá nuevamente la reducción del financiamiento público a los partidos, hasta en un 25%.
La reforma electoral no solo pondrá a prueba la fuerza de la presidenta de México, también a la coalición oficialista, que además enfrenta conflictos locales en estados como Oaxaca, San Luis Potosí, Coahuila, Zacatecas, Campeche y Quintana Roo, derivados de la pugna que ha comenzado por las candidaturas de 2027, cuando se renovarán 17 gubernaturas y cargos municipales en casi todo el país.
No solo eso, la reforma de Sheinbaum también incluye el controversial veto a la releeción y el nepotismo, que aplicará por ley hasta el 2030, pero que el Movimiento Regeneración Nacional lo hará de facto en el 2027.
La tarea, como ya lo advietieron Ricardo Monreal e Ignacio Mier, coordinadores parlamentarios de Morena en las Cámaras alta y baja, no será para nada fácil. El partido lopezobradorista necesita de manera forzosa al PVEM y al PT para que la reforma constitucional sea aprobada por el Congreso de la Unión.
—¿Si no se aprueba sería un fracaso?, se le preguntó a Sheinbaum en su mañanera de este miércoles
—Para nada, la gente diría la Presidenta cumplió. Nosotros cumplimos con la gente en mantener lo que pensamos, principios. Lo propuse en los 100 puntos (al inicio de su sexenio). Habrá quien quiera aprobar.
Ni es derrota, sino consecuencia política por lo que pensamos y decimos. Incluso señaló que sería una victoria porque “no me dejé presionar”.
Lo que estamos planteando “no es una ocurrencia”, fue razonado, es lo que quiere la gente —según consultas y encuestas—, resaltó. “No queremos un partido de Estado, no queremos un partido único, queremos que se reconozca la diversidad política de nuestro país”.
Insisto, la reforma electoral de la presidenta a puesto en alerta máxima a la oligarquía partidista.
Sus negocios y privilegios están en un riesgo inminente.
Sí, el poder político de Claudia Sheinbaum está frente a su prueba de fuego más importante.