Después vino la participación de Omar García Harfuch en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC) 2026, celebrada en Buenos Aires, Argentina, encuentro convocado por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA).
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
La trama de Rubén Rocha es aún más profunda y delicada de lo que parece.
El escándalo de sus vínculos con el Cártel de Sinaloa, con sus líderes, Ismael “El Mayo” Zambada y los “chapitos”, los hijos de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” y su inminente detención y extradición a Estados Unidos será el cisma de la 4T.
El punto de quiebra de aquel movimiento social que prometió purificar a la clase política y la vida pública del país.
Estamos frente a una auténtica guerra civil entre los alfiles del expresidente de Andrés Manuel López Obrador y los peones de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Obradoristas contra claudistas.
El descenso de Rocha Moya al noveno círculo del infierno, ese al que Dante Alighieri en su Divina Comedio retrato como un lago de hielo llamado Cocito, reservado para los traidores a la patria, a los amigos y a los benefactores, como lo es el gobernador con licencia de Sinaloa, es más que un simple movimiento político.
No, su caída es la del un fundador de Morena e ícono de la izquierda mexicana que se extravío en el camino, como muchos otros de los líderes del obradorismo, quienes se asociaron con el crimen organizado, se enfermaron de poder y cometieron atrocidades bajo el halo protector del hoy residente Rancho La Chingada, en Palenque, Chiapas.
Y es que en la última semana hemos sido testigos en primera fila de la fragmentación del Movimiento creado por AMLO y sus diferencias cada vez más notables.
A Morena se le empiezan a ver las costuras.
El primer capítulo de esta escisión fue a inicios de la semana cuando se dio a conocer que el general en retiro Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, salió de la prisión federal de Brooklyn, Nueva York,tras tres meses de reclusión. Su exclusión de los registros del Buró Federal de Prisiones apunta a un acuerdo para convertirse en testigo colaborador o protegido de Estados Unidos.
Después vino la participación de Omar García Harfuch en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC) 2026, celebrada en Buenos Aires, Argentina, encuentro convocado por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA).
“Nuestros cargos y el poder que hoy que hoy tenemos, son efímeros, pero nuestra responsabilidad no. Mientras tengamos el privilegio de servir, debemos utilizar cada capacidad del Estado para proteger a la población, sacar de las calles a quienes destruyen vidas”, escribió el poderoso secretario de Seguridad Pública para acallar las voces al interior de Morena que criticaron la asistencia del hombre de mayor confianza de la presidenta Sheinbaum.
Horas más tarde se informó sobre la deportación de Argentina a México del excontraalmirante de la Secretaría de Marina, Fernando Farías Laguna, acusado de encabezar una red de contrabando de combustible o «huachicol fiscal». Analistas y notas de opinión en medios y redes discuten su potencial perfil como testigo clave sobre redes de corrupción, mientras surgen especulaciones públicas sobre si su caso motivó gestiones de Estados Unidos o negociaciones de alto nivel.
Todo esta se dio en el marco del escándalo de la cancelación de la visa de Andrés Manuel López Beltrán, el supuesto gran heredero del obradorato y posible presidenciable del ala más dura de Morena.
Una anécdota que sería cómica si no fuese trágica.
La ruptura en la 4T quedó de manifiesto en el efímero regreso de Rubén Rocha al gobierno de Sinaloa tras tres meses de mantenerse oculto y que –todo indica– tuvo el visto bueno de López Obrador, pero no de Claudia Sheinbaum. Su reincorporación al cargo no duró ni 24 horas luego de que la presidenta, los legisladores y gobernadores emanados de Morena fijaron posturas en contra, lo que lo orilló a recular y a separarse otra vez por tiempo indefinido.
Algo sabe (o supone) Rocha Moya y por eso apresuró su regreso al gobierno sinaloense.
Su cabeza será expuesta frente a todos y servirá como tributo a Donald Trump y su gobierno.
El claudismo ya no puede cargar con la granda que está a punto de explotar.
Que caiga quien tenga que caer.
Al costo político que sea.
El cisma en el obradorato es evidente y público.
Los caminos de Palacio Nacional y de Palenque parecen ser divergentes.
Ya no hay una sola coincidencia.