La guerra terminó oficialmente en 1990, dejando un país físicamente reconstruido en las décadas posteriores, pero políticamente paralizado por las mismas tensiones sectarias que provocaron el conflicto original.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Entre 1975 y 1990, la Guerra Civil Libanesa desangró a una de las naciones más prósperas de Medio Oriente, transformando a la «Suiza de Oriente Próximo» en un tablero de ajedrez geopolítico marcado por masacres, intervenciones extranjeras y una fractura social que aún hoy define su realidad.
Beirut se convirtió en el epicentro de un colapso absoluto.
Tras 15 años de combates, 150,000 muertos y el desplazamiento de un tercio de la población, el conflicto llegó a su fin formal en 1989 con la firma del Acuerdo de Taif en Arabia Saudita.
La guerra terminó oficialmente en 1990, dejando un país físicamente reconstruido en las décadas posteriores, pero políticamente paralizado por las mismas tensiones sectarias que provocaron el conflicto original.
Hoy, en las vísperas del inicio oficial del proceso interno de Morena para definir a su candidato o candidata a la alcaldía de Puebla, todo parece indicar que –utilizando la analogía del conflicto árabe– la capital vivirá su propia guerra civil libanesa por la presidencia municipal de la Angelópolis.
Y es que en la boleta que circulará en la jornada electoral del primer domingo del próximo año podrían aparecen tres políticos con ascendencia y sangre libanesa: Pepe Chedraui (Morena), Tony Gali (Movimiento Ciudadano) y Jorge Aguilar Chedraui (PAN).
Una verdadera cruzada entre ‘khayes’ por la joya de la corona poblana.
El anuncio de la incorporación del exgobernador Gali (o “microgobernador”, como lo ha bautizado el periodista Mario Alberto Mejía), sin lugar a duda, fue una noticia que reconfiguró y sacudió el tablero geopolítico en la entidad rumbo a las elecciones intermedias del 2027.
Muchos analistas, periodistas y opinólogos inundaron de comentarios las redes sociales tras darse a conocer el nombramiento de Gali Fayad como delegado del Comité Ejecutivo Nacional de Movimiento Ciudadano en Puebla hecho por Dante Delgado.
Para algunos colegas este movimiento tuvo el visto bueno del gobernador Alejandro Armenta, quien fue compañero en el Senado de la República de Dante Delgado en la LXIV Legislatura del Congreso de la Unión, con el objetivo de tener a un posible candidato aliado en la oposición durante los próximos comicios.
Sin embargo, esta jugada política también destapó lo que ya no parece ser un secreto a voces: Pepe Chedraui será el abanderado de Morena en Puebla capital para buscar su reelección como presidente municipal.
Tampoco es ninguna casualidad el activismo político que en las últimas semanas ha tenido el panista Jorge Aguilar Chedraui, quien es de los pocos aspirantes hombres que se inscribió en el proceso interno de Acción Nacional para definir la candidatura a la alcaldía de la Angelópolis.
Las bardas que aparecieron con su nombre en diferentes puntos de la ciudad en las que omiten su apellido paterno y resaltan el materno (Jorge A. Chedraui) dan ciertos visos de lo que busca el PAN en las elecciones del 2027: confundir al electorado con dos candidatos que comparten el mismo apellido y que, además, son primos.
El armado de la elección en la capital es más que interesante.
De confirmarse las tres candidaturas, Pepe Chedraui, Jorge A. Chedraui y Tony Gali, que tienen el mismo perfil de políticos, se disputarán el famoso voto switcher, el voto de la clase media-alta y el voto de los empresarios.
Una verdadera guerra civil libanesa.
Al ser tan parecidos en su forma de hablar, su físico y hasta en su actuar, la terna árabe buscará al mismo electorado. Esto, insisto, no es una ocurrencia ni algo fortuito; más bien, parece una estrategia bien planeada y premeditada por las y los actores políticos que toman las decisiones en la entidad.
La reactivación de JACH, ahora bajo el nombre de Jorge A. Chedraui y la incorporación de Gali a Movimiento Ciudadano, a mi parecer, son señales inequívocas de que Pepe Chedraui repetirá como candidato de Morena en Puebla capital con el visto bueno de Palacio Nacional y con el apoyo de Carlos Slim, el poderoso empresario que también tiene sangre libanesa en las venas.
Es tiempo de velar armas.
Y como diría el famoso refrán libanés: «Dos espadas no caben en una misma vaina».
Mucho menos tres.