Es decir, las redes sociales y sus influencers les han ganado la batalla de las audiencias a los medios tradicionales y sus periodistas, que por años controlaron el monopolio de la información, la verdad y la posverdad.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
La nueva era de las redes sociales, sus miles de millones de usuarios y sus influencers, este nuevo arquetipo de líderes de opinión e ídolos virtuales, han revolucionado la forma de comunicar y comercializar el contenido que ahora se consume a través de los dispositivos móviles en apenas unos segundos.
El consultor e investigador Javier Sánchez Galicia, uno de los pocos expertos en el país en el nuevo modelo de comunicación política a través de la Inteligencia Artificial y las redes sociales, publicó la semana pasada en su cuenta de X los escalofriantes resultados del Digital News Report 2026.
Digo escalofriantes por lo siguiente: de acuerdo con este estudio, por primera vez, las redes sociales y las plataformas de streaming son las principales fuentes informativas a nivel mundial por encima de la televisión, los periódicos digitales y la radio tradicional, que apunta –como sucedió con los impresos– a ser el próximo medio en desaparecer en los próximos años.
“El 77% de la gente consume videos informativos online cada semana. Y la mayoría no recurre a los medios, sino a plataformas como YouTube, Instagram, TikTok y Facebook. El estudio fue elaborado por Reuters Institute for The Study of Journalism y University of Oxford”, comentó el también asesor de la Oficina del Gobernador Alejandro Armenta.
Es decir, las redes sociales y sus influencers les han ganado la batalla de las audiencias a los medios tradicionales y sus periodistas, que por años controlaron el monopolio de la información, la verdad y la posverdad.
Y no, no estoy diciendo que los periodistas, los reporteros y los comunicadores estén en lucha contra los influencers. No, el fenómeno que se está observando es que las audiencias hoy prefieren informarse, sin verificar sus fuentes ni la veracidad de la información, a través de las redes sociales que en los medios de comunicación que hacen todo un proceso informativo y periodístico para la construcción de una noticia en cualquiera que sea de sus géneros.
Y no solo eso, hoy también el mercado prefiere anunciarse a través de estos influenciadores con millones de seguidores en TikTok, Instagram o YouTube, que en los medios como los portales de noticias, la televisión o la radio.
Al decir de un muy luminoso artículo publicado por el sitio especializado MarketingDirecto.com, en 2025 el user-generated content generó por primera vez más ingresos publicitarios que los medios tradicionales, según con el informe de WPP Media.
“De acuerdo con el informe de WPP Media, el denominado «user-generatedcontent» logrará eclipsar en 2025 los ingresos publicitarios que recalan en las arcas de las cadenas de televisión, los cines y los medios de comunicación en general mediante contenido producido de manera profesional.
La popularidad de los creadores de contenido ha subido como la espuma en el transcurso de los últimos años y ello se ha traducido a la postre en un abrupto incremento de los presupuestos publicitarios que las marcas tienen a bien confiar en ellos.
En 2025 los ingresos de los que benefician los creadores de contenido mediante la publicidad, los acuerdos con marcas y los patrocinios pegarán un brinco del 20%. Y en 2030 tales ingresos se duplicarán hasta alcanzar los 376.600 millones de dólares”, revela el artículo bajo el título “Los creadores de contenido toman la delantera a los medios en la generación de ingresos publicitarios”.
Insisto, las grandes marcas hoy prefieren anunciarse (con la excepción de los grandes eventos deportivos como el Super Bowl o los Mundiales de Fútbol) en redes sociales a través de los influencers que en los medios de comunicación tradicionales.
Un solo video de uno de estos creadores de contenido genera más vistas que decenas de pautas o menciones en radio o televisión.
Tan cierto como lo es, cada uno consume lo que quiere y modifica su propio algoritmo.
Así como en los medios de comunicación, en las redes sociales también existe –y creo que aun más– el contenido basura.
Personas sin ningún talento o que su producto es solo sexual, de humor negro o morboso han generado cierto encono justo en un momento en que la humanidad a traviesa una severa crisis de polarización de ideas y emociones.
Dos hechos, uno en Puebla y otro en todo el país, han acentuado aún más el “odio” desmedido hacia los influencers: los contratos otorgados por el OPD del gobierno del estado Parques y Convenciones a cargo de Michelle Talavera al influencer Adolfo Lazzari y los creadores de contenido invitados a los partidos de la Selección Mexicana en la Copa del Mundo en marcha.
En el primer caso, en el cual los implicados deberán responder con pruebas si hubo o no un conflicto de interés, me parece que Michelle Talavera hizo a bien en contratar a un joven talentoso como Adolfo Lazzari, quien emprendió, fue pionero y creó una marca como “Qué Hacer en Puebla”, para promocionar los parques del estado.
Lazzari con sus videos ofrece más vistas y alcances que la mayoría de los medios de comunicación. Así de fácil.
En el segundo caso, el de los influencers en los estadios de fútbol durante el Mundial, creo que es más bien la frustración mal encausada de muchos aficionados que no tenemos la capacidad económica para pagar los estratosféricos precios para asistir a los partidos de la Selección Mexicana y que vemos a estos creadores de contenido, quienes muchos de ellos no son aficionados al deporte del balompié, en las primeras filas del Estadio Azteca o del Akron.
Sin embargo, al igual que con Adolfo Lazzari, las marcas prefieren a los influencers por su valía en redes sociales, en donde ahora está el verdadero mercado y potenciales clientes.
La lucha no es contra ellos, es contra el nuevo paradigma de las redes sociales.
El odio desmedido hacia los influencers podrá seguir, pero ellos son los que marcan ahora qué se consume, cómo se consume y porqué se consume.
Y sí, esto ya nadie lo detiene.
Adaptarse o morir.