Por: Carlos Madrid
Atlixco vuelve a colocarse en el mapa turístico nacional, pero esta vez no por la cantidad de visitantes, por sus flores o por sus festividades, sino por alcanzar uno de los niveles más altos dentro del sistema de calidad turística de la Secretaría de Turismo federal.
El municipio recibió el Distintivo Nacional de Calidad Turística en categoría Diamante, reconocimiento que lo coloca, de acuerdo con la información difundida este 25 de septiembre, como el primer municipio de Puebla y el segundo Pueblo Mágico del país en alcanzar esta categoría.
El dato merece una lectura más allá de la fotografía oficial y del reconocimiento institucional, porque el Diamante no se obtiene únicamente por tener atractivos turísticos o por contar con una amplia agenda de actividades.
El sistema de certificación contempla distintos aspectos relacionados con la calidad, la operación, la profesionalización, el cumplimiento normativo, la sustentabilidad, la responsabilidad social y la mejora continua de los destinos y prestadores de servicios turísticos.
Para llegar al nivel Diamante se requiere alcanzar entre mil 751 y dos mil puntos y acreditar, además, al menos 70 por ciento de cumplimiento en cada uno de los factores evaluados.
Es decir, detrás del distintivo existe un proceso de evaluación que busca medir cómo funciona un destino y no solamente qué es capaz de mostrarle al visitante.
Para Atlixco, el reconocimiento llega después de varios años de crecimiento de su actividad turística y de una oferta que se ha diversificado más allá de sus tradicionales atractivos.
Flores, gastronomía, café, mezcal, cultura, patrimonio, comunidades y experiencias forman hoy parte de una propuesta turística que busca ampliar la permanencia y el gasto de quienes llegan al municipio.
Los números también ayudan a entender el momento que vive la ciudad. Durante 2025, Atlixco registró 475 mil 471 turistas que pernoctaron en el municipio y una derrama económica de 464 millones de pesos, de acuerdo con información de la Secretaría de Desarrollo Turístico de Puebla.
Sin embargo, el reconocimiento también abre una conversación incómoda pero necesaria: ¿qué sigue después del Diamante? Porque obtener una certificación puede ser el resultado de un proceso institucional, pero conservar la calidad depende de lo que ocurre todos los días en las calles, hoteles, restaurantes, mercados, atractivos y experiencias que forman parte del destino.
El visitante no conoce los indicadores ni las evaluaciones; conoce el servicio que recibe, la limpieza de un espacio, la atención de una persona, la información que obtiene, la facilidad para desplazarse y la experiencia que se lleva de regreso a casa. Ahí estará la verdadera prueba para Atlixco.
El municipio ya tiene un reconocimiento que lo coloca en una conversación nacional, pero el valor de ese Diamante tendrá que reflejarse en la experiencia del visitante y, sobre todo, en los beneficios que genere para quienes hacen posible la actividad turística.
Y hay otro dato que conviene no perder de vista: la categoría Diamante también existe para hoteles, spas, agencias, transportadoras y otros prestadores de servicios turísticos en diferentes puntos del país, incluidos establecimientos de destinos como Cancún y Tulum.
Por eso, el caso de Atlixco tiene una particularidad distinta: no se trata de sumar un establecimiento más a la lista de certificados, sino de hablar de un Pueblo Mágico reconocido como destino dentro de esta categoría.
Zihuatanejo fue identificado previamente como el primer Pueblo Mágico en alcanzar este nivel y ahora Atlixco se incorpora a esa referencia. El reto, entonces, ya no es conseguir el Diamante. Es hacer que se note.