Durante décadas, la ciudad de Puebla se mantuvo al margen de los conflictos provocados por la “guerra contra el Crimen Organizado” (término acuñado por Felipe Calderón), pues mientras Veracruz, Morelos o Guerrero, estados vecinos al nuestro, se tenían de sangre por la disputa de las plazas entre cárteles rivales y los principales capos se infiltraban en el gobierno, la entidad poblana así como su capital se mantenía a salvo de esta problemática nacional.
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
La declaración, cruda y sincera, no cayó nada bien en el epicentro del poder en Puebla.
Y es que el elefante que habita en la sala ya no se podía ignorar.
O dicho de otra forma: lo que se ve no se juzga.
En un episodio de sinceridad, esos que en política escasean, el secretario de Seguridad Ciudadana de Puebla capital, el coronel Félix Pallares, reconoció ante los medios de comunicación que en la Angelópolis operan, al menos, dos cárteles del narcotráfico, que son los responsables de sembrar el terror y el caos en lo que hasta hace unos años era un oasis en el desierto.
Durante décadas, la ciudad de Puebla se mantuvo al margen de los conflictos provocados por la “guerra contra el Crimen Organizado” (término acuñado por Felipe Calderón), pues mientras Veracruz, Morelos o Guerrero, estados vecinos al nuestro, se tenían de sangre por la disputa de las plazas entre cárteles rivales y los principales capos se infiltraban en el gobierno, la entidad poblana así como su capital se mantenía a salvo de esta problemática nacional.
Con la irrupción del huachicoleo, Puebla comenzó a entrar en esta tendencia de alerta máxima con la llegada de cárteles como la Familia Michoacana, el Cartel Jalisco Nueva Generación, los Zetas y el Cártel Sinaloa, que se disputaban el millonario negocio de la ordeña de los ductos de hidrocaburos de Pemex.
La operación se concentró en el llamado “Triángulo Rojo” y con el paso del tiempo comenzó a enquistarse en la zona metropolitana hasta asentarse en la capital. El huachicoleo mutó a otros delitos de alto impacto como secuestro, extorsión, robo de transporte, asalto a casa habitación y feminicidios.
Antes que Pallares Miranda, el secretario de Seguridad Pública (SSP), el vicealmirante Francisco Sánchez, ya no pudo callar más lo evidente y confirmó a su llegada al gobierno de Puebla que en el estado operaban al menos siete cárteles.
¡Siete!
En la oscura era del morenovallismo este hecho siempre se negó a pesar de las pruebas irrefutables.
En la gestión de Miguel Barbosa, que concluyó Sergio Salomón Céspedes, se comenzó a reconocer que la presencia del CO ya era una realidad y que se debía atender.
En al menos un par de años, la ciudad de Puebla ha sido un territorio en disputa y las escenas de terror, que antes veíamos en estados del norte o en las entidades del Triángulo Dorado, aparecen un día sí y al otro también.
Decapitados, ejecutados, cuerpos desmembrados, encobijados o embolsados, narcomantas, balaceras a plena luz del día, persecuciones son parte ya de la cotidianeidad en las noticias de la Angelópolis.
Tan solo este mes, dos mujeres fueron ejecutadas en condiciones más que violentas. La primera fue la joven cuyo cadáver abandonaron en un carrito de supermercado en la Colonia El Carmen y la otra es la ejecución de una presunta líder de carteristas, cuya cabeza y restos fueron abandonados en una barranca en la junta auxiliar de San Pablo Xochimehuacan.
Tras el feminicidio de El Carmen, la activista y experta en temas de género, Marisol Calva, publicó un video en X que explica que este tipo de muertes violentas en la que los cadáveres de las mujeres son expuestos en puntos específicos de grandes ciudades pretenden mandar un mensaje claro en el contexto de una disputa entre cárteles.
En meses anteriores han aparecido en pleno Centro Histórico restos humanos en tambos junto con narcomensajes firmados por el CJNG o la Familia Michoacana.
La ciudad de Puebla mantiene una alta percepción de inseguridad entre la población de 18 años y más, al alcanzar 81.4 por ciento acumulado durante el tercer trimestre de 2025, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Esta cifra supera la media nacional de 63 por ciento y coloca a la capital poblana en el onceavo lugar entre las ciudades más inseguras del país.
La situación actual de Puebla es algo más que preocupante.
Tampoco se puede dejar de mencionar que hasta ahora la estrategia conjunta diseñada por la federación, el estado y el municipio ha sido un éxito en Puebla, sin embargo la tarea sigue siendo titánica.
Es la lucha contra la Hidra de Lerna.
En la Angelópolis ni en ningún otro municipio –como lo he comentado antes en este mismo espacio– no debemos normalizar ni dejarnos de indignar por estas escenas de terror que estamos viendo a diario.
Normalizar la violencia provocada por el narco sería un error fatal en Puebla.
Puebla le debe y necesita ganarle la batalla al Crimen Organizado.