Los resultados de la deficiente y efímera gestión de Fernando Rosales al frente de la SSC estuvieron a la vista de todos, no solo en el aumento de la incidencia delictiva y la percepción de inseguridad en la ciudad de Puebla, sino, también en una crisis interna jamás vista en la capital
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Uno de los principales logros –tal vez el más importante– conseguido por el gobernador Alejandro Armenta, quien está a punto de cumplir sus primeros cien días al frente del Ejecutivo local, es la contención, prevención y reducción de los índices de inseguridad e incidencia delictiva en el estado gracias a la estrategia coordinada con la federación, a través de Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, y por la designación de marinos y militares al frente de la SSP y de las corporaciones municipales.
El pasado 13 de enero, con apenas 29 días de iniciar la actual administración estatal, el vicealmirante Francisco Sánchez informó que logró descender del lugar 12 al 17 en la incidencia de homicidios a nivel nacional entre el 6 y el 13 de enero, toda vez que la tasa de incidencia era de 2.8 casos en promedio, de acuerdo con cifras oficiales.
El secretario estatal de Seguridad Pública detalló que estos resultados tan palpables y loables se lograron por la colaboración de los presidentes municipales que en 28 municipios del estado dejaron las tareas de seguridad a elementos de la Secretaría de Marina en sus localidades.
No solo eso, hace apenas unos días, la FGE informó que el robo a transportista es el delito que más disminuyó en el estado de Puebla en el primer bimestre de 2025 en comparación con el mismo periodo pero de 2024.
Con el ingreso de la Marina y los operativos coordinados entre las tres fuerzas de gobierno, se logró disminuir uno de los delitos que más había incrementado en los últimos años en la entidad.
Entre enero y febrero de este año se denunciaron 258 robos a transportistas con violencia, 138 menos que en el periodo anterior, lo que representa una reducción del 34.8 por ciento.
Los números siempre son fríos y se imponen a cualquier narrativa.
Pocos fueron los municipios importantes que se negaron a entregar el control de sus corporaciones a marinos con trayectorias probadas al interior de las fuerzas armadas del país no solo en territorio, también en tareas de diseño de estrategias, inteligencia y organización.
Ante la sorpresa de propios y extraños, Puebla capital se negó a poner al frente de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Angelópolis a un marino recomendado por el poderoso García Harfuch y avalado también por el gobernador Armenta.
Los resultados de la deficiente y efímera gestión de Fernando Rosales al frente de la SSC estuvieron a la vista de todos, no solo en el aumento de la incidencia delictiva y la percepción de inseguridad en la ciudad de Puebla, sino, también en una crisis interna jamás vista en las administraciones anteriores que detonó una huelga de los policías municipales lo que a la postre convirtió al morenovallista en insostenible.
El alcalde Pepe Chedraui fue sensible y bastante inteligente para reconocer que su secretario de Seguridad no dio el ancho y que su estrategia (si es que alguna vez tuvo alguna) fue algo más que defectuosa para atender la creciente ola de violencia que se vive en toda la capital del estado, desde el primer cuadro de la ciudad, las colonias más tradicionales, las juntas auxiliares, las zonas limítrofes y los corredores comerciales, gastronómicos e industriales.
Ver: El regreso de Olivia Salomón a Puebla
Como no sucedió en las pasadas gestiones cuando Claudia Rivera se aferró a mantener en el cargo a Lourdes Mendoza a pesar de los pésimos resultados en materia de seguridad y lo mismo sucedió con Eduardo Rivera y Adán Domínguez en el caso de Consuelo Cruz, Chedraui Budib entendió todas las señales de que era hora de dar un golpe de timón en la SSC y aceptar la mano tendida del mandatario estatal, quien nunca “dejó morir solo” al edil capitalino ante el riesgo latente de que esto impactase no solo en la imagen de Morena, también en la de ambos gobernantes.
Tanto Armenta como Chedraui se vieron reflejados en el espejo de Miguel Barbosa y Claudia Rivera, quienes tuvieron su principal encontronazo justamente por el tema de la seguridad y el titular de esta dependencia en la Angelópolis.
Es de todos sabido y mucha tinta se ha dedicado ya a las diferencias entre Barbosa y Rivera Vivanco por la intervención del estado para revertir la crisis de seguridad que se vivió durante el trienio de la primera alcaldesa emanada de la izquierda en la ciudad de Puebla.
Hoy, la realidad es otra.
Y es que la disposición mostrada por Pepe Chedraui y la coordinación impulsada por Armenta Mier se debe de reconocer más allá de las filias y fobias de todos los actores políticos en la entidad, ya que para el gobernador y para el alcalde la seguridad de los poblanos está por encima de cualquier otra cosa.
La llegada de Félix Pallares Miranda a la Secretaría de Seguridad Ciudadana da una luz de esperanza a todos los que queremos ver a la Angelópolis como la ciudad segura y en paz que era hace apenas una década.
Félix Pallares Miranda se ha desempeñado en el Ejército Mexicano, como representante del Segundo Batallón de Infantería y representante de la XXI Zona Militar en Michoacán.
El currículo en este caso sí importa.
Esperemos que este sea el primer paso para que la ciudad de Puebla, insisto, regrese a la tranquilidad de la que se siempre había gozado.
Un golpe de timón en la SSC era lo que hacía falta.
Sí, un golpe castrense.