Damián Hernández también fungió como un “puente dorado”, que no existía, entre el gobernador Alejandro Armenta y la cúpula de la Universidad Autónoma de Puebla
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
“Lárgate de Puebla, porque te vamos a encerrar o exterminar”, fue la amenaza que a finales del 2013 le llegó a Damián Hernández por parte de Eukid Castañón, a la sazón poderoso y gánsteril operador político del fallecido Rafael Moreno Valle, quien siempre fungía como personero del expriista para dar este tipo de mensajes.
Desde su exilio en la Ciudad de México, Hernández Méndez no solo se reinventó como funcionario público al fortalecer su formación académica, también lo hizo como ser humano desde la resiliencia y la conciencia de aquellas personas que saben entender muy bien los ciclos y las vueltas de la vida.
De estar en el cenit del poder en la era agüerista y con una prometedora carrera al interior de la universidad, Damián tuvo que aceptar su destierro ante la amenaza morenovallista, que siempre torció la ley para vengarse de sus “enemigos públicos”.
Damián Hernández también tuvo que digerir y entender la traición de Alfonso Esparza, quien –muy a su estilo miserable y vulgar– después de rogar por su apoyo en la elección del 2013 por la rectoría de la Universidad Autónoma de Puebla, entregó su cabeza al siniestro Moreno Valle como sacrificio para ser aceptado en el aparato de poder del expriista.
En los años en los que Hernández Méndez estuvo alejado de Puebla tocó varias puertas que antes se abrían al instante y que en su exilio jamás se abrieron.
Eso sí, el hoy secretario de la Benemérita poblana supo cuidar y proteger sus relaciones.
Si alguien lleva tatuada a la BUAP ese es, precisamente, Damián Hernández.
No solo eso, el universitario conoce como nadie todos los rincones, la estructura y los manuales no escritos para hacer funcionar, articular y mantener cohesionada a la comunidad de la máxima casa de estudios de la entidad.
Hoy por hoy, no hay nadie que cumpla con ese perfil al interior de la Benemérita poblana.
Tan es así que en cuanto empezó a conformarse el proyecto de la Doctora Lilia Cedillo en el 2021 para convertirse en la primera mujer en la historia del estado en llegar a la rectoría de la BUAP, Hernández fue uno de los primeros convocados para sumarse a la que sería la ganadora de la elección interna.
Su valía, lealtad y probidad lograron que Damián Hernández se incrustará en el primer círculo de la rectora de la BUAP.
En los momentos más lúgubres en el primer periodo de Lilia Cedillo y a diferencia de otros que buscaron capitalizar las crisis, Damián se mantuvo firme con la rectora y en todo momento buscó solucionar los conflictos como lo fue el paro de labores a inicios de este año.
Ver: José Luis García Parra: El futuro es hoy
Damián Hernández también fungió como un “puente dorado”, que no existía, entre el gobernador Alejandro Armenta y la cúpula de la Universidad Autónoma de Puebla.
Y es que Hernández Méndez, aun en su exilio, siempre mantuvo y procuró sus añejos lazos con el hoy mandatario poblano y con sus personas más cercanas como José Luis García Parra y José Tomé, con quien por cierto mantiene una gran amistad que data de los tiempos de Enrique Agüera cuando el coordinador de Comunicación Social del gobierno del estado era catedrático de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP.
Insisto, Damián Hernández supo se resiliente y paciente.
Hoy su regreso triunfal y su merecido ascenso al segundo cargo más importante en la estructura de la máxima casa de estudios de Puebla no es algo fortuito ni algo casual.
No, su nombramiento como secretario general es un reconocimiento a su larga carrera universitaria forjada desde los tiempos en los que fue alumnos, consejero universitario y otrora gran operador de Agüera Ibáñez, con quien se mantuvo fiel en su aventura política y en su caída tras perder las elecciones intermedias de hace 12 años por la presidencia municipal de la capital.
Aunque aún es muy prematuro, pues para el 2029 falta “un mundo”, su llegada a la Secretaría General de la BUAP también debe entenderse como el inicio de un proyecto con miras a la próxima y lejana sucesión.
Las vueltas que da la vida.
Si alguien entiende esto a la perfección ese es Damián Hernández.
Resiliencia y paciencia.