Fue un 10 de marzo pero del 2020, cuando se dio a conocer el primer caso confirmado de COVID-19 en Puebla, se trataba de un hombre que viajó de Europa a Puebla, quien portaba este virus, el entonces secretario de Salud Estatal, Humberto Uribe Téllez, detalló que era asintomático. Esta noticia que se dio a conocer a través de una rueda de prensa, cambió la historia de la entidad.
Sólo unos días después de lo anunciado, los casos empezaron a incrementar, por lo que el Gobierno del Estado, anunció una contingencia sanitaria y entró en vigor el confinamiento para toda la población, dejando inhábil la mayoría de las actividades, fiestas, conciertos, además del cierre de negocios como restaurantes, cines, entre otros.
Esta situación le cambió la vida a los estudiantes, trabajadores, maestros, emprendedores y a todos los sectores de la sociedad.
Los contagios aumentaban diariamente y se llegaron a registrar más de cien casos al día en el pico más alto, a tal grado que los hospitales del Estado tuvieron que ser reconvertidos para brindar atención especializada a pacientes con esta enfermedad.
Las camas ya no eran suficientes, incluso los poblanos eran atendidos en el piso y los pasillos de los nosocomios.

La primera línea de batalla siempre fueron los trabajadores de la salud, quienes atendieron la emergencia y muchos murieron en el ejercicio de su labor.
Casi un año después, llegaron las vacunas a la entidad, los primeros en ser inoculados fueron los grupos vulnerables como adultos mayores, niños y personas con comorbilidades.
Después arrancaron las jornadas para los otros grupos de la población, hasta tener los refuerzos, las clases se volvieron a reanudar, así como las actividades, con aforos reducidos y restricciones, hasta llegar a la normalidad.
Sin embargo, muchos se quedaron sin algún ser querido, sin su negocio o sin trabajo. Una gran lección fue la pandemia de COVID-19, que nos enseñó a valorar nuestra salud y entorno.