El conflicto poselectoral en San Pedro viene a enrarecer aún más el ambiente social y político de este importante municipio de Puebla, que capta muchísimo turismo, tiene una fuerte presencia empresarial y clama por recuperar la estabilidad tras una serie de gobiernos municipales deplorables como los de Paola Angón y José Juan Espinosa
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
El conflicto poselectoral que se vive en San Pedro Cholula propiciado por Roxana Luna, la candidata fallida del PRD al Ayuntamiento de aquel municipio que se niega a aceptar su derrota, es el cerrojazo a un trienio perdido que tiene hundida a esta importante localidad de Puebla en una severa crisis social y política, que no se ve hasta cuándo pueda terminar.
La cereza en un pastel que ya estaba podrido.
Y es que, los habitantes de San Pedro no ven la hora para mejorar sus condiciones actuales, que son más que adversas gracias al desgobierno de Paola Angón, quien desde su arribo a la Comuna cholulteca hace tres años jamás logró encontrar el rumbo y, por el contrario, descompuso lo poco que pudo arreglar Luis Alberto Arriaga tras el infame y criminal paso de José Juan Espinosa por el gobierno de este municipio.
Angón Silva llegó con muchísimas expectativas en el 2021 a la presidencia municipal sampredina luego de dos periodos en los que Acción Nacional fue desterrado de este ayuntamiento, sin embargo la confianza en la edil panista desapareció en los primeros meses de su gestión por la presencia de su impresentable yerno Eduardo Alcántara, a quien la alcaldesa le entregó buena parte del control de su administración hasta que éste, junto con su esposa María de la Barreda, la traicionaron a cambio de que la hija de la edil fuese postulada por Morena a una diputación local, como así sucedió.
Con Paola Angón en la presidencia municipal, San Pedro Cholula se convirtió en “tierra de nadie” para la delincuencia y las células del crimen organizado que operan en la zona metropolitana del estado; también la ciudad se hundió en una crisis de gobernabilidad y servicios como la recolección de basura, alumbrado y limpieza; además de que su gestión siempre fue señalada por sus propios regidores, afines y de oposición, por la poca transparencia y posible corrupción en el gasto y aplicación de los recursos públicos.
El “suegricidio”, como así llamó Ana Teresa Aranda a la cuchillada trapera que Alcántara y María de la Barreda le clavaron a la alcaldesa.
Todo esto propició a que el pasado 2 de junio, los cholultecas optaran –como sucedió en casi todo el estado– por sacar al PAN de sus gobiernos municipales y que regresara Morena al poder.
La ola de Claudia Sheinbaum y el arrastre de Alejandro Armenta junto con el pésimo gobierno de Angón se combinaron para que Tonantzin Fernández se impusiera en las urnas de forma muy apretada a Roxana Luna, quien –como mejor lo sabe hacer– optó por la ruta de la desestabilización, las marchas desangeladas y el chantaje político para rescatar lo más que pueda tras su nuevo fracaso electoral en los pasados comicios.
Ver: Fuerza Social por México no vale nada para opacar el triunfo contundente de Morena
Utilizando la misma estrategia que empleó en el 2014 cuando se aprovechó de la tragedia de la familia Tehuatlie durante el escándalo morenovallista de Chalchihuapan, Luna Porquillo busca “estirar la liga” lo más que pueda para capitalizar en lo político y en lo económico su berrinche de no aceptar el triunfo de Fernández Díaz.
Roxana conoce a la perfección esta ruta.
La ha caminado una y mil veces.
Por si fuera poco, la exabanderada del PRD en San Pedro encontró en el escándalo de la transferencia de votos de Morena a Fuerza Social por México para que este partido parásito no perdiera el registro otro pretexto perfecto para mantener vivas sus esperanzas de tumbar la victoria de Tonantzin Fernández y continuar con su embestida en contra de las autoridades electorales en Puebla, que –hoy más que nunca– están metidas en un tremendo brete y en el ojo público de todo el país.
Sin deberla ni temerla, Tonantzin es otro “daño colateral” del pésimo manejo que el IEE y su presidenta Blanca Yassahara Cruz, le dieron al manejo y captura de los votos y datos finales de la elección del 2 de junio, la cual, hasta esta fecha, no tenía un solo viso de irregular o fraudulenta, como ya había pasado en el 2018.
El conflicto poselectoral en San Pedro viene a enrarecer aún más el ambiente social y político de este importante municipio de Puebla, que capta muchísimo turismo, tiene una fuerte presencia empresarial y clama por recuperar la estabilidad tras una serie de gobiernos municipales deplorables como los de Paola Angón y José Juan Espinosa.
Tonantzin Fernández ganó a la buena a pesar del pataleo de Roxana Luna.
Esa es la realidad.
Para mala fortuna, San Pedro Cholula es un auténtico hervidero.
O al menos así lo será hasta el próximo 15 de octubre.
Ni hablar.