Se entiende que la repudiada Claudia Rivera jamás haya entendido de macrofinanzas y administración pública si anunció como un logro de su Año de Hidalgo la bolsa de 550 millones de pesos que le dejará a Lalo Rivera para sus 100 primeros días
Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
La intempestiva salida de Armando Morales de la Tesorería del Ayuntamiento de Puebla no se puede interpretar de otra forma más que como la inconformidad abierta del responsable de las arcas de la capital ante la ola de irregularidades, delitos y saqueos que la alcaldesa Claudia Rivera está realizando en la recta final de su lamentable gobierno municipal.
Aunque de manera oficial se manejó que la renuncia de Morales Aparicio fue por “una nueva invitación laboral”, la realidad es que el ahora extesorero de Puebla capital ya tenía tiempo sintiéndose incómodo en el cargo por todas las tranzas que el equipo cercano de Rivera Vivanco y la propia edil han realizado desde finales del 2020 y durante todo este año.
Además de siempre oponerse a los subejercicios que imperaron en la caótica gestión claudista, Armando Morales, quien tuvo que cargar y poner cara a este problema de planeación ante la nula capacidad de Rivera Vivanco, ya no toleró más los quebrantos a las finanzas del municipio, que sirvieron para financiar parte de la campaña fallida de la alcaldesa y ahora para abultar más su inexplicable riqueza, la de su familia y la de sus allegados.
Ver: Barbosa, López Obrador y el desabasto de vacunas en Puebla
Si bien su renuncia no le quita futuras responsabilidades administrativas por aprobar las suficiencias presupuestales a empresas sancionadas o fantasmas, que se vieron beneficiadas con licitaciones amañadas o asignaciones directas, Morales Aparicio mandó un claro mensaje al abandonar el Ayuntamiento de Puebla en la recta final de la administración de Claudia Rivera y en pleno proceso de entrega-recepción.
Con la salida del extesorero municipal, está claro que el primer círculo de Rivera Vivanco se rompió ya hace mucho, pues del que se consideró el equipo cercano de trabajo de la edil pocos quedan en el organigrama de la Comuna.
Primero fue Ollín Rivera, después Javier Palou, Beatriz Martínez Carreño, luego Rafael Quiróz, hasta los impresentables Liza Aceves y René Sánchez Galindo ya abandonaron el barco en el que ya nada más naufragaban Andrés García Viveros, Israel Román Romano, Eloísa Vivanco y la propia Claudia Rivera.
Por su propio pie o por grillas internas, los incondicionales de la alcaldesa dejaron de serlo ante la serie de abusos, simulación, doble discurso y corrupción que se enquistaron desde el inicio en su gobierno municipal.
La gestión de Rivera Vivanco fue un desastre desde su inicio hasta los que serán sus últimos días.
Ahora, Rivera Vivanco está haciendo todo lo que un alcalde no debe hacer durante los últimos días de su gestión.
Ver: Lilia Cedillo, ni esparcista ni carta marcada
Como lo narré ayer en este mismo espacio, la repudiada alcaldesa poblana necesita tomarse una pausa y analizar a conciencia todas las irregularidades que está cometiendo en estos últimos meses que le quedan al frente del Ayuntamiento de la Angelópolis.
Tal parece que la humillante derrota del 6 de junio le borró a Claudia Rivera de la memoria todas las leyes vigentes en el estado y con las que el gobierno municipal se rige.
De manera inédita, la edil está licitando al vapor una serie de obras innecesarios, equipamientos absurdos de las corporaciones municipales y verdaderas compras de pánico que serán heredadas a la administración entrante de Eduardo Rivera, quien tendrá que asumir los pagos comprometidos con los constructores y proveedores y demás contratistas.
Fiel a su estilo de hacerse pasar por ingenua, Rivera Vivanco ya olvidó con toda alevosía y ventaja el artículo 57 de la Constitución poblana que a la letra establece que “Son facultades del Congreso: …aprobar los contratos que celebren los Ayuntamientos, cuando tengan duración mayor del período para el cual hubieren sido electos”.
A las denuncias que ya pesan sobre ella y por las cuales tuvo que promover dos amparos para evitar ser encarcelada, la edil está metida en serios aprietos con todos estos proyectos de última hora que está emprendiendo para cerrar su ignominiosa administración.
¿Qué empresario en su sano juicio, insisto, se atreverá a concursar por alguna de estas obras que no tienen garantías de pago y que no son compromisos de Rivera Pérez?
Se entiende que la repudiada Claudia Rivera jamás haya entendido de macrofinanzas y administración pública si anunció como un logro la bolsa de 550 millones de pesos que le dejará a Lalo Rivera para sus 100 primeros días.
Para darnos una idea, Rivera Vivanco ya comprometió 4 mil 100 millones de pesos del presupuesto aprobado para el 2021, por lo que los 550 millones que heredará a Rivera Pérez representa el 12 por ciento de la bolsa anual del municipio.
Ver: A dos años de distancia (El segundo año de Miguel Barbosa)
Lo peor de todo es que nadie sabe ni ve en que la edil ya se gastó el 88% del presupuesto del Ayuntamiento de Puebla.
Es urgente que alguien le ponga un alto a Claudia Rivera o le amarren ya las manos.
El Año de Hidalgo de Claudia Rivera es un descaro.