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Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizPue
Si el alcohol es un catalizador de la verdad, muchos políticos —adicto a este elixir— deberían de evitarlo y más en épocas electorales, cuando los demonios están mas desatados.
Anécdotas y momentos jocosos nos han dejado nuestros obnubilados hombres de poder de la aldea, quienes montados en el potro del alcohol han protagonizado historias dignas de la picaresca mexicana.
La más reciente desventura protagonizada por un miembro del círculo rojo fue cortesía de Paola Migoya, candidata del Partido Verde Ecologista a la alcaldía de Puebla, durante una cena en un conocido restaurante de la Angelópolis.
La abanderada del PVEM en la capital poblana, quien rompió con Morena y Miguel Barbosa tras no lograr la postulación por el partido guinda a pesar de presumir hasta el hartazgo su supuesta “amistad” con Andrés Manuel López Obrador, con unos destilados de más tuvo a bien confirmar un rumor que muchos ya conocían.
Para nadie es un secreto que en el proceso en curso, la franquicia en Puebla del Verde Ecoligista se convirtió en la adquisición más reciente del ex gobernador Rafael Moreno Valle, quien sumó a este partidito a su chiquillada de institutos que orbitan como satélites del PAN, que sirven como cajas chicas y para aumentar la guerra sucia en contra de Morena y Barbosa Huerta.
Sin embargo, Migoya Velázquez, entonada ya por los efectos del vino, confesó lo inconfesable: que su candidatura se la debía a Moreno Valle y que el esposo de Martha Erika Alonso le encargó “golpear hasta el cansancio” a Eduardo Rivera, candidato del PAN en Puebla capital.
La hipótesis de muchos periodistas y analistas políticos quedó confirmada por la impertinencia de Paola Migoya, quien como buen borracho o como buen infante, dijo la verdad.
Sin ningún reparo y sin fijarse en el resto de los comensales, la candidata verdecologista sufrió uno de los muchos efectos que el alcohol puede ocasionar: vomitar verdades sin control.
Y su verdad alimentó las ya suspicaces teorías de que Moreno Valle le juega las contras a Lalo Rivera en la capital.
Además, Martha Erika ya dejó ver la ruta del morenovallismo en su entrevista más reciente con el portal de noticias Central. La abanderada del Frente por Puebla aseguró que se puede llegar a la gubernatura sin la necesidad de ganar la capital del estado.
Es decir, en el cuarto de guerra de Las Fuentes están convencidos que haciendo perder a Rivera Pérez, Alonso Hidalgo aún puede convertirse en la primera inquilina en despachar desde Casa Puebla.
Las pruebas son más que claras que el morenovallismo ingenió toda una estrategia para mandar al matadero a Eduardo Rivera, pues le quitaron al PSI, Nueva Alianza y Compromiso por Puebla como parte del bloque aliancista; y no solo eso, también mandaron al Verde y a Migoya a hacerle una guerra sucia sin lógica alguna.
Las pruebas están a la vista de todos y Paola Migoya lo hace más obvio. La vulgar puntada de enviarle una canasta de huevos a Rivera para provocarlo a aceptar el debate entre candidatos de la Angelópolis, fue muestra de ello.
¿A poco en el búnker de Alonso Hidalgo no tiene medido que cada voto que pierda Rivera en la Angelópolis también lo perderá ella?
¿Los morenovallistas seguirán necios en pensar que su utopía del voto diferenciado es viable para hacer ganar a la esposa del ex gobernador poblano?
Queda mas que claro que Moreno Valle dejó pasar la candidatura de Lalo Rivera con la intención de que pierda el primero de julio, sume los votos que más se puedan a su esposa y que, con la derrota en la frente, sea su retiro de la política poblana.
Ya lo dijo el suspicaz periodista Zeus Munive “si Eduardo Rivera gana la alcaldía de Puebla tendrá el mérito de que lo hizo por su cuenta sin debersela a nadie como sí sucedió así en el 2010”.
Al parecer el tablero del morenovallismo se está cayendo a pedazos y ya van en Plan D, E o F.
No se vayan a llevar una sorpresa el 2 de julio cuando Rivera sea el único candidato del PAN que tenga algo que celebrar.
Cuidado con lo que dicen con una copas de más, señores y señoras.
Seriedad.