El Semillero
Por: Vianey García / @vianeygarrome
La llegada de 2021 marca el inicio de un año importantísimo para la vida pública de nuestro país. Otra vez, las y los mexicanos tendremos la oportunidad de elegir, a través de nuestro voto, a 500 representantes populares para la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, a 15 gobernantes de igual número de estados, a las diputadas y diputados integrantes de 30 congresos locales, además de las y los integrantes de mil 900 ayuntamientos y juntas municipales a lo largo y ancho de todo el país, en una elección histórica por sus implicaciones futuras.
Sin duda, del tamaño de lo que representa para México este proceso electoral, es el tamaño del compromiso que tenemos los que queremos que el cambio que inició hace dos años no pierda su ritmo de avance y siga transformando la forma en la que se gobierna y con la que se logra llevar bienestar para todos, impidiendo el regreso al pasado, cuando los “beneficios” eran nada más para unos cuantos que, por cierto, por ahí andan nuevamente, prometiendo todo lo que no cumplieron cuando tuvieron la oportunidad.
Nuestro país y nuestro estado han transitado por un cambio sustancial de regímenes políticos. En el anterior, se sumió a Puebla y a todo México en un clima terrible de violencia e inseguridad, alimentado en gran medida por la insultante corrupción de la que vivieron y se sirvieron quienes hoy buscan seguir engañando al pueblo y regresar al poder del que hicieron mal uso.
Los narco-gobiernos a nivel federal, estatal y municipal comprometieron por décadas el bienestar y desarrollo del País, beneficiando en muchas ocasiones a varios de los que hoy ofrecen supuestas “soluciones mágicas” para los problemas de todos, soluciones que, al parecer, no tenían a la mano cuando estuvieron sentados en las sillas que ahora añoran y quieren recuperar.
Lo bueno es que la decisión que se nos plantea a la gente, al verdadero pueblo de México y de nuestro estado, es muy sencilla: o seguimos avanzando e impulsando la transformación de la vida pública nacional, o regresamos a aquel pasado que representan “el agua y el aceite” que ahora se andan queriendo mezclar; aquel pasado que tanto daño le hizo a México y que sólo ellos creen que ya se nos olvidó.
Hoy que las acciones hablan más que las palabras y los choros mareadores que nos aventaron durante décadas no son más que eso, la gente tiene muy claro que le toca decidir entre las alianzas construidas con y para la gente, conformadas para seguir transformando para bien al país y erradicar de una vez por todas el peor mal del gobierno y la sociedad: la corrupción; y las otras alianzas, nacidas de la ambición y el deseo de dinero y poder, esas que conforman los mismos que nos mintieron mucho rato para impulsar sus dizque “reformas” con las que se vendieron nuestros recursos.
Porque ¿cómo no recordar que ellos, los de antes que creen que son los “del futuro”, solo veían cómo beneficiar a sus cuates, a sus familiares y a sus bolsillos, con la lana del presupuesto? Ese recurso, se lo recordamos y se lo seguiremos recordando, era y sigue siendo del pueblo, de las mexicanas y mexicanos.
La ventaja de acordarnos de todo esto y de saber que está en nuestras manos mantener el proceso de transformación, es que nos hace estar seguras y seguros de que no hay manera de que esos “enviados” de pasado y lo que representan, regresen al poder.
Sé, sabemos, que las y los mexicanos seguimos y seguiremos luchando y construyendo un mejor país, el cual seguirá cambiando y adaptándose a una mejor realidad con la participación de todas y todos.
Los otros tuvieron su chance y lo desaprovecharon, así que no hay mentira que nos puedan decir ahora para hacernos creer que, ahora sí, van a hacer por la gente lo que no pudieron ni quisieron hacer.
¡Lástima, Margaritos!
Feliz año nuevo y nos seguimos leyendo.
