Después de Rimet
Por: María Reyes / @maria_FerGR
El viernes estaba en una cena con formato pandémico cuando me preguntaron por los equipos mexicanos que sigo. Creo que fue de las primeras veces que me integro en pláticas futbolísticas con personas que usualmente no me conocen o con las que convivo poco; pero contesté sin dudar que Chivas, luego podría seguirle el Puebla, nada más por pertenencia. Y en esta liguilla, al final Cruz Azul. Curiosamente, mi interlocutor más o menos coincidía con mi lista, pero Cruz Azul iba primero, Puebla segundo y Chivas era la variable dependiente.
Poco a poco, los equipos a los que le voy han quedado en el camino. Del Puebla he dicho ya bastante, que jugaron bien y hasta el final, que llegaron a donde quisieron y que el tema fue más la actitud del último partido. Con todo, no es una pérdida total para el equipo; es lo más lejos que han llegado en años y verdaderamente esperar más era terreno místico y no realista.
De Chivas, no sé. Lo que vi el sábado sí que fue triste. Entendería una actitud nerviosa si hubieran estado en la posición de Pumas (que ahorita, mientras escribo, están rompiéndola contra todo pronóstico), pero verdaderamente era una tarea sencilla: superar a León. No se les pedía un esfuerzo sobrehumano en la cancha, sino profundidad, agresividad y valor. No necesitaban una cantidad imposible de goles. Pienso que la situación requería unidad y precisión. Y lo que vimos ayer verdaderamente preocupa. Claro, es un equipo que también salió de las sombras, pero en los partidos previos demostró potencial y cierta constancia. Después de llevarse el Clásico Nacional, la moral estaba alta y traíamos buena racha; el equipo, en teoría, tiene un buen manejo del tiempo y podía acoplarse a un partido fuera. Y el León, pues lo dicho, no jugaba las liguillas como la temporada regular. Es contundente, sí, pero no infalible.
Todo el partido recibí mensajes de un buen amigo, también Chiva-hermano, que tiene opiniones bien fundamentadas y filosas. Desde el principio, la alineación fue una duda, ¿pero ¿quiénes somos para cuestionar los títulos de Vucetich? Conforme avanzó el partido, fue claro que la alineación dejaba mucho que desear, y los cambios tirándole a la segunda mitad no sólo fueron desconcertantes, sino que imposibilitaron al equipo. Quizá unas inversiones de las alineaciones habrían funcionado. Ya al final, al menos las Chivas se habían acercado a zona peligrosa sin que fuera producto de la buena fortuna. Pero nada, sin profundidad, sin contundencia, desesperados cada vez más.
No es frecuente presenciar a un equipo desconcentrado y desesperado en la primera mitad. Me refiero a que pueden estar en un mal lugar anímico o psicológico, pero no así. Con León controlando, nada más tocando y mareando, se mermó mucho la agresividad que podían tener las Chivas. El resultado: vi un equipo errático, manipulado. Sin pensamiento ni creatividad. Como analogía, cuando un bailarín está en el escenario en noche de función y algo sale mal, una pirueta, una caída, una lesión, un error de otro compañero, cualquier cosa, el cuerpo está entrenado ya para responder conforme a los requerimientos del baile; lo único que se necesita es tener una claridad mental a pesar del esfuerzo físico y la conmoción. Sólo así puede reaccionar lo suficientemente rápido y crear sus propias alternativas coreográficas o dancísticas para no romper la puesta en escena. No hay preocupación sobre los movimientos, pues el cuerpo trabaja conforme a memoria muscular; lo único que se necesita es la creatividad para generar una oportunidad.
En el futbol no creo que sea diferente. Las capacidades de cada jugador están trabajadas, entrenadas durante años; también las jugadas y el avance táctico. Sólo falta la lucidez y rapidez mental para saber aprovechar la oportunidad y generar ocasiones de gol. Paciencia, también. E imagino que lo primero es recuperar el control del balón; lo segundo, avanzar y atacar. Eso es algo que Chivas no pudo hacer. De verdad que lo pensé todo el partido: no pueden. Y ya se sabe lo que pasa, la gran verdad de los técnicos: los partidos se disputan en la media cancha, y quien la controla está de gane.
Algo parecido veo ahora con Cruz Azul. Evidentemente, cinco goles es demasiado. De hecho, las estadísticas de máximas goleadas inician con un 5-0 favor Tigres contra los Pumas en el Apertura 2016. Una goleada así no es imposible pero tampoco frecuente, y creo que Pumas venía con toda la intención de lograrlo. Al menos, de igualar un poco la diferencia y no dejarse anotar ni uno más. La desesperación que debió inundarlos desde el primer minuto a penas está llegando, al minuto 84. Han guardado la compostura bien. Cruz Azul no tenía más que hacer que fortalecer su defensa y no verse mediocres, evitando el desgaste físico para una final que parece inminente. Sucedió que falló su defensa, falló más su actitud y entonces todo el plan se vino abajo. Ya para el segundo gol, los Pumas están en éxtasis y no sé qué está pasando. Más que desagradable, lo que veo me parece insólito. A Cruz Azul podíamos exigirle un poco más, un buen partido, un partido digno, la presencia locomotora que los caracteriza, aunque sea en una defensa férrea.
Minuto 88. Hay muchas formas de hacer historia. Con una diferencia de goles insalvable, destruyendo la moral de un equipo, jugando mal desde el minuto uno. No sé. En este momento, aparte del espíritu de supervivencia de los Pumas, no creo que estemos seguros de nada. Pero pasó algo brutal. Un equipo hizo lo imposible. Otro, dejó la oportunidad escaparse sin siquiera luchar por ella.
