Después de Rimet
Por: María Reyes / @maria_FerGR
Era la madrugada cuando mi aplicación me notificó los tres goles del Real Madrid femenil; los primeros tres en la Liga, donde portaron el uniforme rosa que cada vez me parece mejor, como si el ojo se acostumbrara al spring pink tan extraño en la temporada otoño-invierno. A esas horas de la noche, uno tiene cosas más importantes que hacer que ponerle atención a un partido, mucho menos del Madrid –aunque cargo la culpa de pasar más tiempo aprendiendo del enemigo que de mi propio equipo –, pero ya con más claridad me puso feliz el triunfo de las merengues. Primero, porque es raro que se me notifique un partido femenil. Segundo, porque nunca me he metido en temas de ligas femeniles.
Justo ahora, como casualidad de esas que te avisan que vas por buen camino, empecé a ver Alguien tiene que morir, el hit de Netflix de Manolo Caro y que todos tenemos razones para ver (llámense Ester Expósito, Alex Speitzer, la trama o todo junto). El caso es que una de las escenas iniciales es un partido de futbol, 1950 en la España franquista, donde un jugador arremete y se barre contra otro, lidere al equipo, organiza a sus contenciones, anota, defiende y vuelve cada noche al campo para hacer lo mismo, como el jugador estrella.
Hace un tiempo, cuando las jugadoras en la Liga Femenil de España se fueron a huelga por desigualdad hace exactamente un año, se recogieron algunos puntos centrales de sus demandas, que van más allá de salarios: vacaciones, derecho a paro, protocolo de embarazo y maternidad y regulación por lesiones. La Primera Iberdrola trascendió ese dilema con una promesa del Consejo Superior de Deportes para profesionalizar la liga este año. Hace unas columnas pensé justamente en la Liga mexicana, cómo podría ser el juego con una competencia de nivel, que compita con las ligas europeas. Ahora pienso lo mismo del futbol femenil, sobretodo en equipos que se desprenden de los mismos clubes grandes, como el Atlético, el Barça o el Real Madrid.
Me sorprende un poco que escuchemos más del FIFA 21 que los cambios positivos que pueden traer las demandas de mujeres futbolistas y una nueva visión del mundo que posiblemente nos otorgó la pandemia. Me preguntó si el trasfondo de apoyar la Liga femenil tendrá que ver con lo redituable del marketing deportivo y sinceramente espero que no. El Financiero sacó una nota al respecto que se me apareció haciendo investigación para esta columna y para aliviar mi propia culpa: como mujer, que en mayor o menor medida consume futbol, es impresionante lo poco que sé y lo poco que sigo al futbol femenil.
Kenti Robles es, curiosamente, una de las futbolistas beneficiadas de la profesionalización de la Liga y, sobretodo, de la oportunidad a la que se unió el Real Madrid después de años de no contar con una escuadra de futbolistas mujeres. Junto a Hugo Sánchez y Chicharito en el Madrid, o Rafa Márquez en el Barça, Kenti podría ser una más que se une al futbol europeo para mejorar su juego, competir y llegar alto. Antes de fichar por el Madrid, jugó cinco temporadas en el Atlético. Antes de esto, jugó para el Espanyol y el Barça; si no me equivoco, superó en títulos al mismo Hugo Sánchez en lo que a Copas de la Reina se refiere.
La Liga femenil ha estado sujeta a cambios y reestructuraciones con una idea de igualar el nivel que se disputaba en la categoría masculina. La temporada pasada se hicieron modificaciones para que el futbol español base se desarrollara, lo que implica esencialmente formar cantera nacional y local, restringir el número de extranjeras, instaurar políticas de igualdad y la creación de la Supercopa de España en el futbol femenino. Y por primera vez en un tiempo creo de verdad que algo positivo ha sucedido en esta temporada 20/21.
En los comentarios un hombre preguntaba si esa noticia era tan importante para una nota, que si el Real Madrid Femenino valía como equipo si no había ganado algo alguna vez en la vida (imagino que eso también piensa de los otros equipos de la primera división femenil). Eso sucede cuando las organizaciones, asociaciones, clubes y afición piensan lo mismo, que hay competencias no profesionales. Que hay temas destinados a las madrugadas.
