Después de Rimet
Por: María Reyes / @maria_FerGR
Si hay algo que debe tener cualquier jugador, y que seguramente desarrolla a lo largo de sus entrenamientos, es la valentía. Hace poco, estaba leyendo un libro nuevo de Greta Elizondo sobre el ballet. Espero reseñárselos pronto. Pero en un muy bonito orden, el libro repasa todas las cosas que vamos aprendiendo como bailarines, desde la escuela hasta las funciones. Resistencia, disciplina, la relación con tu cuerpo, la resiliencia. Un montón de cosas que se practican todos los días desde los estiramientos hasta la reverencia del final de clase. Seguramente hay libros así también escritos por futbolistas o exfutbolistas. Imagino que las cosas que se aprenden en los entrenamientos son tan similares como distintas, pues el enfoque de un futbolista es similar en lo atlético pero diferente en cuanto a la finalidad. El ballet es estético y narrativo; el futbol no. Alguien me dijo una vez que era el reemplazo civilizado de las guerras.
Pensé un poquito en el Puebla, que demostró valor y paciencia en la fecha repechaje y, aunque no es reproche, salió bastante tibio al partido de vuelta contra León. Vi lentitud, duda, precaución; todo lo contrario a lo que vimos en el partido de ida, cuando no tenían nada que perder y, justo por eso, su valor era notable. Podían salir con todo porque la pérdida no los asustaba. Y el miedo se notó esta vez, porque tenían mucho que perder. Reaccionaron bien, pero ya tarde. Creo que un futbolista que tiene que encontrar formas de ser valiente justo en esas situaciones, cuando una situación amenaza.
No sabría de ciencia cierta, pero perder el miedo no creo que sea algo que puedas entrenar. Cómo reaccionamos ante una situación extrema, no creo que pueda sondearse en los entrenamientos. Sin embargo, cuando un jugador salta para rematar y el defensor salta para bloquear, sabiendo que pueden chocar contra el otro, no se relaja; no se quita, no evade. Lo mismo con una barrida o cuando el portero sale a la mitad del área para robarle el balón a un delantero. No creo que sea por ausencia de miedo a las lesiones o al golpe; más bien hay una misión más grande: la de ir por ese balón antes que por la propia seguridad. En actos así de pequeños que se repiten todos los partidos de todas las ligas, se mide la valentía de los futbolistas. Y eso, creo, no se puede entrenar. Puedes entrenar los saltos, la potencia, cómo caer, cómo quitarte, pero no el instinto de supervivencia que hace que cualquiera de nosotros se cubra la cabeza ante un balón en lugar de recibirlo.
Algo así me despertó el choque de Raúl Jiménez y David Luiz, que ocurrió en un día horrible donde también traíamos el bagaje del accidente de Romain Grosjean en la F1. Lo que los une, la mala suerte de la vida y la palabra “choque”. De ambos incidentes, la única tranquilidad que tenemos es que ambos salieron y no podemos contar tragedias; más bien, nos quedamos con un grado de miedo que persiste, perdura. Hemos escuchado que cuando una mariposa bate las alas en un lugar, al otro lado del mar acontece un huracán. Algo así ha pasado estos días, donde hemos recibido noticas duras de un lugar del mundo a otro, como si hubiera un haz negativo en el universo. A veces lo mejor que podemos hacer para olvidarlo es pensar en las cosas buenas. La preocupación de David Luiz que, vendaje y todo, se queda esperando noticias de Jiménez; los rescatistas que ayudaron a Grosjean.
No puedes entrenarte para no tener miedo, sabiendo que estas cosas pasan. Que cuando eres un deportista, los accidentes están más presentes de lo que pensamos y no son cosas extraordinarias. Más bien, es raro cuando no pasan. Por ejemplo, en el futbol las lesiones internas seguro asustan más de lo que las faltas podrían; y ningún futbolista les teme. Más bien, las respeta. En el caso de la F1, creo que hay que subirse al coche pensando en que la vida se te puede ir en ello. Y esa es una de las grandes muestras de valentía que motiva cada uno de los partidos y encuentros.
Si hubiera un futbolista que nos explicara la habilidad o destreza más importante que ha recibido del futbol, seguramente sería esa. La habilidad de saltar tras la pelota, aún sabiendo que puedes colisionar en el proceso. Y la certeza de que valdría la pena.
