Historias de un joven reportero
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
El segundo año del gobierno de Miguel Barbosa será recordado por ser un periodo atípico marcado por la crisis epidemiológica del Covid19 en Puebla.
En medio de estas atipicidades y circunstancias, el mandatario poblano ha logrado que sus decretos, el pacto comunitario y la estrategia diseñada por el gobierno del estado para afrontar y aminorar los contagios y muertos por el Coronavirus sean reconocidas a nivel nacional por el propio Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
Barbosa Huerta consiguió que la ruta trazada para enfrentar la epidemia en el estado funcionara de manera correcta a pesar de no contar con el total apoyo del gobierno municipal de Puebla por las diferencias políticas que existen con la alcaldesa Claudia Rivera.
Si la cercanía con la gente y el combate contra el huachicol marcaron el primer año de la administración barbosista, el segundo año no podrá ser recordado por otra situación más que por el maldito Covid-19.
A pesar de todas las eventualidades, el gobernador Barbosa logró consolidarse como un político honesto, quien también fue reconocido así por diferentes encuestas nacionales.
Y es que, el oriundo del Valle de Tehuacán, desde que arribo a Casa Aguayo, dejó claro su sello personal de gobernar, el cual está centrado en el combate a la corrupción y en regresarle la dignidad al servicio y quehacer público tras tres gobiernos, el ignominioso marinista y el vergonzante régimen morenovallista, en el que el gobierno de Puebla se convirtió en una cofradía de hampones quienes quebrantaron las arcas de la entidad.
Se dice fácil, pero que un político logre que la honestidad sea un distintivo personal para nada lo es.
Cuántos políticos en el país pueden jactarse de tener este tipo de reconocimientos, sin que sean en boca propia.
Sin pretensiones ni banalidades, Barbosa Huerta ha sorteado dos años, a pesar de los voceros de Fernando Manzanilla y Alfonso Esparza, quienes sistemáticamente se inventan escándalos que termina en pastelazos, sin ningún señalamiento de corrupción o grandes escándalos como los que sí estallaron en las primeras etapas de las gestiones de Mario Marín y de Moreno Valle.
No sólo eso, el gobierno barbosista se ha tomado en serio la cruzada contra la corrupción que heredó de las administraciones panistas. Aunque aún falta mucho por subsanar tras el paso voraz e infame del morenovallismo, Barbosa Huerta podrá presumir la captura de Eukid Castañón como la cara visible de que en Puebla se acabaron los tiempos de impunidad con la que los huérfanos y viudas del siniestro Rafael desviaron cientos de millones de pesos del erario del estado.
Acabar con la corrupción es uno de los objetivos que el gobernador Barbosa se puso al inicio de su administración y a la fecha los resultados son visibles.
La estrategia de seguridad que la administración barbosista también sigue entregando cuentas positivas en la entidad tras una severa crisis en la que el estado estuvo hundido luego que Moreno Valle les abrió las puertas a los cárteles para disputarse la plaza para ejercer libremente el huachicoleo.
Los delincuentes dejaron de cogobernar y ahora están tras las rejas gracias a la mano dura de Miguel Barbosa y del secretario de Seguridad Pública, Raciel López Salazar.
Datos revelados por la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), indican que, en marzo pasado, la percepción de inseguridad en la capital poblana era de 86.8 por ciento; y mejoró al mes de septiembre, que fue de 78.2 por ciento; es decir, una reducción del 9.9 por ciento.
La percepción de seguridad en Puebla ha registrado un aumento de casi 10 por ciento, entre la ciudadanía, principalmente en la capital del estado.
Las cifras son claras.
Con su segundo informe, el gobernador Barbosa entrará de lleno al año más complicado para su administración, pues el 2021 será marcado por el proceso electoral intermedio en el que estará en juego la estabilidad de su administración al renovarse el Congreso del estado y los 217 ayuntamientos del estado.
En la cima del poder, Barbosa Huerta tendrá que promover, desde el Ejecutivo, la imparcialidad, legalidad y paridad en los comicios del próximo luego de que él, en el 2018, vivió en carne propia lo que es afrontar una elección de estado.
Además de lo electoral, el gobernador del estado tampoco podrá descuidar que en el primer semestre del 2021 se enfrentará a la última etapa de la crisis del Coronavirus, por lo que su tercer año de labores no será nada fácil.
Anticorrupción y seguridad, fueron las insignias del segundo año de Barbosa.
La honestidad del mandatario también destaca.
El barbosismo se consolida en Puebla.
