Claudia Rivera soluciona a diario el caos heredado por Banck

Luis Banck, limitado como es, dejó en todos los rincones del Palacio Municipal las huellas de su malintencionada estrategia de incendiar y generar un caos en la capital. Primero lo hizo en el tema de seguridad, en el que, misteriosamente, en las últimas semanas de su lamentable gestión se desataron las ejecuciones, balaceras entre bandas de huachicoleros y asesinatos en la Angelópolis; después, llegaron los ambulantes al Centro Histórico

Historias de un Joven ReporteroOpiniónPlumas incorrectas

Written by:

Historias de un joven reportero

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

Al llegar al Ayuntamiento de Puebla en octubre del año pasado, Claudia Rivera encontró una casa en ruinas heredada por el primer alcalde que llegó a ocupar el Charlie Hall sin el respaldo de un solo voto ni la validación democrática: Luis Banck.

Banck Serrarto, político de ocasión y una de las principales viudas de Rafael Moreno Valle, estuvo al frente de la comuna poblana desde febrero del 2016, es decir, fue presidente municipal de la capital —impuesto, pero presidente al final de cuentas— por dos años y siete meses, casi un trienio, tiempo suficiente para generar las perores crisis en la historia de la Angelópolis: de seguridad y de gobernabilidad.

Habilidoso para aprovechar las coyunturas y experto en el oportunismo, no así en la administración pública y muchos menos en la gobernanza, Luisito Banck dejó una ciudad incendiada, violenta y sin control, bienestar ni tranquilidad para los capitalinos.

En perversidades, Banck, quien ahora pretende erigirse como el heredero, albacea y depositario de Moreno Valle, dejó de gobernar (por nombrar de alguna forma a su gris paso por el Ayuntamiento de la capital) los últimos dos meses con el objetivo de que su predecesora, Claudia Rivera, encontrara una ciudad caótica, y fuera señalada, como así sucedió, como inexperta e improvisada, pero con lo que contaba el ex baterista de Aleks Syntek y cantante de verbenas populares era que la hoy alcaldesa de la Puebla tiene la capacidad suficiente, junto con su primer círculo de colaboradores, de solucionar los desastres ajenos.

Luis Banck, limitado como es, dejó en todos los rincones del Palacio Municipal las huellas de su malintencionada estrategia de incendiar y generar un caos en la capital. Primero lo hizo en el tema de seguridad, en el que, misteriosamente, en las últimas semanas de su lamentable gestión se desataron las ejecuciones, balaceras entre bandas de huachicoleros y asesinatos en la Angelópolis; después, llegaron los ambulantes al Centro Histórico.

Con esos dos temas, Claudia Rivera tuvo que comenzar su administración municipal y a los que se dedicó de tiempo completo sin importar que fueron insertados con dolo por Banck Serrato. La alcaldesa emanada de Morena comenzó con una estrategia de seguridad atinada y logró contener el tema de la violencia en Puebla como así lo reflejan las cifras oficiales, a pesar de que los extorsionadores inmersos en el periodismo aldeano digan lo contrario con interpretaciones a modo.

Después, Rivera Vivanco en mancuerna con René Sanchéz Galindo, secretario de Gobernación Municipal, le dieron la cara al problema del ambulantaje que Luis Banck permitió y solapó a cambios de sus correspondientes moches que alcanzaron hasta los 30 mil pesos por cada comercial informal.

Así, Luisito hizo más gordo su bono de despedida como edil impuesto sin importarle la imagen urbana del primer cuadro de la ciudad.

Otra vez, los medios morenovallistas, adictos al tripack y que hoy quedaron en la orfandad, señalaron a Claudia Rivera como la responsable de que el Centro Histórico y sus calles aledañas estuvieran infestadas de ambulantes durante los últimos días del año pasado y los primeros de este, así como la basura que generaban los comerciantes informales.

Pero con lo que no contaban los aplaudidores oficiosos de Banck es que Rivera tenía las pruebas de que Luisito cobró, y muy bien, el free pass de ambulantes en el Centro poblano.

De nueva cuenta, Claudia Rivera se puso a trabajar y logró cumplir con su promesa de erradicar el ambulantaje en el primer cuadro de la ciudad.

Además de esto, la presidenta municipal de la Angelópolis comenzó el año con una gran noticia que no necesitó publicidad excesiva, muy del estilo morenovallista. Ecuánime y alejada de las pretensiones, Rivera, en una rueda de prensa y a través de sus redes sociales, anunció que la anunció que la comuna disminuyó en un 31 por ciento la deuda de la capital, pues de golpe pagaron 100 millones de pesos.

De este modo, el pasivo que recibieron de la administración anterior que rondaba los 318 millones de pesos, se redujo a 218 millones de pesos, en tiempo récord.

Mientras otros alcaldes hubieran apostado por invertir esos recursos federales del Fondo de Ahorro para el Fortalecimiento de los Municipios (Fortamun) en obras de relumbrón o programas electoreros, Claudia Rivera optó por reducir la deuda en la capital.

No está de más recordar que una de las últimas acciones de Luisito Banck fue endeudar aún más a la Angelópolis.

Están claras las prioridades de unos y de otros.

Este es el sello de la administración riverista.

Trabajo mata cualquier grilla y Claudia Rivera lo sabe.

Mientras que sus odiadores sigan con su golpeteo sin fundamentos.

Cosas del periodismo aldeano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *